"Todas las ciudades son la misma ciudad"

Sergi Reboredo | Fotoperiodista

Sergi Reboredo
Sergi Reboredo / Belén Vargas
Miguel Lasida

29 de junio 2019 - 05:00

La fiebre fotográfica le subió a Sergi Reboredo (Barcelona, 1971) cerca de los 30 años. Aun así, no se acuerda de su primera foto. Con un centenar de las últimas ha publicado en Anaya 101 destinos del mundo sorprendentes, muestra de su especialidad en el fotoperiodismo de viajes, aunque añore también su perfil de fotografía "verdadera y real". Reboredo ha recorrido y retratado el mundo varias veces, y sus instantáneas se publican en medios como National Geographic, GEO, El Periódico o The New York Times. Además ha publicado diversos libros de viajes.

-Cita 101 lugares del mundo sorprendentes es el título de su libro recién publicado. ¿Cuál era el 102 que no ha cabido?

-Incorporaría la Antártida. Es distinto a lo que he visitado hasta ahora por inhóspito. Parece otro planeta.

-¿Y qué visita de las 101 reseñadas tacharía ahora?

-No le pondría una cruz a nada. Más de la mitad de los viajes lo pone el viajero, dependiendo del estado interior de cada uno, de la gente que te acompaña, de a quienes encuentras... Eso es más de la mitad del viaje.

-¿Esperaría una cola en la cima del Everest para hacerse un retrato?

-Haría justo lo contrario. La masificación me repele. Soy de los que prefiere levantarse a las cuatro de la mañana para visitar un templo y no ir cuando hay hordas de turistas haciendo cola para hacerse un autorretrato. A esa hora prefiero estar haciendo otras cosas.

-En su guía está incluido Chaouen (Marruecos), un pueblo de color azul como Júzcar (Málaga), que se ha convertido en un poblado pitufo. ¿A los andaluces nos queda convertirnos en figurantes de parques temáticos para el disfrute de los turistas?

-Estoy en contra de todo eso. Beneficia a algunos y a otros no lo hace en absoluto. Entiendo la frustración y crispación de quienes no tienen vínculo con el turismo y ven que su ciudad se ha convertido en un parque de atracciones o en un zoo.

-Barcelona, su ciudad natal, es un ejemplo.

-Barcelona se está haciendo un lugar complicado para soportar, no sólo para vivir, incluso para quienes no vivimos en el centro. Para quienes aún viven ahí debe ser odioso no poder ir a comprar al mercado, donde se dedican a vender para turistas. Preferiría menos turistas y que las ciudades no se convirtieran en un zoo.

-La aerolínea Ryanair ha entrado en la lista de las diez empresas más contaminantes de Europa. ¿Agravamos los viajeros el cambio climático con tanto avión que cogemos?

-Por supuesto. Aparte está la cuestión de la huella. He llegado a ver maravillas del mundo sobre las que la gente pintarrajea. O tirando plásticos al agua. Esa huella es difícil de eliminar.

-Bombay, Calcuta, Yokohama, Hong Kong, San Francisco... En ninguno de estos sitios estuvo Julio Verne al escribir La vuelta al mundo en 80 días pese a describirlos con minuciosidad. ¿No es asombroso?

-Claro. Pero eso también lo han hecho reporteros de guerra, que escribieron sin estar nunca en el terreno. A menudo la imaginación puede con la realidad.

-Como viajero empedernido, no será friolero, alérgico al sol o escrupuloso.

-No tengo problemas para comer lo que sea, la verdad, aunque no me gusta el frío. Pero si hay que pasarlo para ver unas ballenas en la Antártida, se pasa frío sin problemas.

-Aparte del viaje, ha retratado el alcoholismo, la droga, la enfermedad...

-Uno acaba retratando historias. En este libro de viajes son alegres, un mundo de ilusión, pero también cuento historias tristes. A mí me gustan las historias reales, las de verdad.

-¿Y se aprende algo de ellas?

-Que la vida es corta. Que si tienes la oportunidad de vivir en ciertas condiciones, que lo disfrutes. Que hay que vivir el momento.

-También tiene reportajes del Iraq de la posguerra y de Sri Lanka tras el maremoto... ¿Alguna vez le tocó una guerra o un terremoto en directo?

-Cuando estuve en Iraq, estaban aún en guerra. En el hotel escuchaba las explosiones y los disparos nocturnos. Al ir con un equipo reducido, no podía salir cuando quería y tenía que esperar al día siguiente a que llegaran el guía y el conductor... Luego se veían los efectos de lo que había escuchado la noche anterior; nada agradable.

-Las guerras suceden por la noche.

-Lo peor de las guerras suele suceder de noche. La oscuridad ayuda a que los efectos sean devastadores.

-¿Qué se aprende de una guerra?

-Que deberíamos pelear para que no se repitan. Y creo que no vamos encaminados para evitarlas. Vamos a peor. No aprendemos nada.

-Hace tiempo que su dedicación se ha centrado más en el periodismo de viajes.

-Sí, pero echo de menos la realidad. Con los viajes hago un trabajo más publicitario, más que fotoperiodístico. Sí que intento ponerle el factor humano. Creo que los viajeros deben interactuar con las personas que viven en los lugares. Si sólo te quedas con el monumento, mejor te miras un libro.

-Usted que ha conocido tantos lugares, etnias y culturas, ¿no cree que el ser humano es igual en todas partes y que compartimos los mismos sueños y los mismos miedos?

-Todos somos iguales. Todas las ciudades son la misma ciudad. Todo el mundo se lleva mal con su vecino. Cuidado cuando vayas allá, te dicen los lugareños, porque son unos mangantes. Y, cuando vas allá, te dicen lo mismo de los vecinos. En todo el planeta existen los mismos miedos.

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