España

Elecciones por incapacidad

  • Los vetos cruzados entre los cuatro grandes hacen imposible la investidura. El Rey pide a los partidos que no entren "en una campaña de reproches". Pedro Sánchez admite que tiene un apoyo insuficiente: el del PSOE y el de C's.

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EL Rey ha aconsejado a los líderes políticos que "miren hacia adelante", que no entren "en una campaña de reproches". Lo reveló ayer el socialista Pedro Sánchez en una rueda de prensa en la que, sin embargo, trató de señalar quiénes han sido los culpables de que España repita las elecciones generales el 26 de junio. Este parece que será, a pesar del consejo real, el leitmotiv que acompañará a los candidatos en esta campaña electoral que repetirá esta canción de exclusión y confrontación, tan pesada como un bolero de Ravel ausente de belleza. A las cuatro de la tarde de hoy se acaba el plazo material para convocar el Pleno del Congreso que pudiera elegir un presidente, de tal modo que el próximo lunes se convocarán los comicios de modo oficial. La incapacidad para llegar acuerdos ha agotado una legislatura estéril y fugaz, el primer gran fracaso de la historia democrática española.

Habrá elecciones el domingo 26 de junio, el propio comunicado de La Zarzuela dejaba constancia anoche de ello aunque no citaba la repetición: "Tras valorar la información que la han trasladado los representantes que han comparecido en las consultas, ha constatado que no existe un candidato que cuente con los apoyos necesarios para que el Congreso de los Diputados, en su caso, le otorgue su confianza". Sin embargo, se hace esa comunicación "a efectos del artículo 99 de la Constitución", donde se establece que las Cortes se disolverán para convocar elecciones si no hay un presidente elegido dos meses después de la primera sesión de investidura.

La última ronda del Rey con los partidos finalizó con una jornada que es una metáfora de los sucedido hasta ahora: un extremo voluntarismo del socialista Pedro Sánchez para intentar llegar a un acuerdo con la izquierda y Ciudadanos a la vez, la impasibilidad de Mariano Rajoy y, mucho, pero que mucho postureo, un intento de escenificar el consenso deseado con el único objetivo de culpar al contrario de la falta de acuerdo.

Pedro Sánchez no se ofreció en esta ocasión al Felipe VI. "Ni puedo ni debo presentarme a otra sesión de investidura", indicó el líder socialista, que cargó toda la responsabilidad sobre Mariano Rajoy y Pablo Iglesias. "Los 131 escaños no son suficientes para hacer frente al bloque del bloqueo del señor Rajoy y el señor Iglesias", indicó Sánchez después de salir de La Zarzuela. Así comenzó lo que parece ser el anticipo de una larga campaña en la que los partidos intentarán culpar a los adversarios de esta repetición. Sánchez anticipó algo que aún pinta peor: que después del 26 de junio no pactará con el PP, por lo que aparentemente las elecciones no resolverán nada si los resultados, tal como se esperan, son muy parecidos a los del 20 de diciembre. Nada parece haber cambiado: Podemos no quiere a Ciudadanos; el PSOE no quiere al PP, y Ciudadanos aspira a engarzar a socialistas y populares en un broche que se atonja imposible, al menos con los mismos actores.

La jornada aportó algún sobresalto. Una propuesta in extremis de los valencianos de Compromís al PSOE para formar un Gobierno de izquierdas provocó que Pedro Sánchez convocase a sus negociadores con carácter de urgencia para realizar una contrapropuesta que fue rechazada por la coportavoz Mónica Oltra. Pedro Sánchez mantuvo hasta el final que el acuerdo con los socialistas debía llevar aparejado el consenso con Ciudadanos, pero su líder, Albert Rivera, despachó de este modo la propuesta: "Son tres folios para gobernar durante cuatro años con seis partidos distintos, ni lo entramos a valorar". El acuerdo de Rivera y Sánchez ha sido el único avance de estos cuatro meses, fueron 200 propuestas y cerca de 70 folios, pero sus apoyos eran realmente insuficientes: 131 votos de 350 totales.

La liturgia de la última ronda transcurrió sin apenas novedad, aunque la carrera oficial, de entradas en La Zarzuela y ruedas de prensa en el Congreso, se vio retrasada por Pablo Iglesias, que llegó un cuarto de hora tarde al encuentro con el Rey porque se equivocó de salida en una carretera. Iglesias, que fue a ver al monarca con chaleco gris y camisa morada, compareció en una rueda de prensa muy corta para sus costumbres y en la que mostró cierto enfado porque el PSOE había rechazado la propuesta de Compromís. Los socialistas no lo rechazaron, sino que realizaron una contraoferta que pasaba por un Gobierno presidido por Pedro Sánchez con independientes, no de coalición como solicitaban las izquierdas; con un acuerdo que le asegurase dos presupuestos, y con el compromiso de presentarse a una moción de confianza en junio de 2018. "¿Pero de qué van? Es insultante", fue la respuesta que la valenciana Mónica Oltra dio cuando supo de la decisión de los socialistas. Iglesias admitió que no sabía que Compromís, partido con el que fueron a las elecciones, iba a presentar esta iniciativa al Rey, evidenció que sólo habla a estos niveles con Oltra, y no con el portavoz parlamentario Joan Baldoví. Más que un recurso de última hora para intentar llegar a un acuerdo, la propuesta de Compromís pareció un pose más, en el que los partidos de izquierdas elaboraban una coartada para echar las culpas al PSOE y a Ciudadanos de la repetición de las elecciones y Pedro Sánchez hacía como que la estudiaba.

La propuesta de Compromís se basaba en el pacto a la valenciana, de hecho, hasta le pusieron nombre: el acuerdo de Prado en referencia al acuerdo del Botánico que hizo posible el Gobierno autonómico de la Generalitat que preside Ximo Puig y Mónica Oltra. El texto constaba de 30 propuestas, de las que el PSOE dijo admitir 27, y en el que se había sustituido el referéndum de autodeterminación por una apelación a resolver "la crisis territorial del Estado desde una perspectiva democrática". Aunque Iglesias explicase que no supo nada de esta propuesta hasta ayer por la mañana, Mónica Oltra estuvo reunida el día anterior con el número dos de Podemos, Íñigo Errejón. Sánchez acusó a Iglesias y Monedero, contrarios a Errejón, del boicot a su acuerdo.

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