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Alaya 'dicta' sentencia

  • Las condenas a los más altos cargos de la Junta sintonizan con las tesis de la juez que comenzó la macrocausa

La juez Mercedes Alaya llega a los juzgados para celebrar otro juicio La juez Mercedes Alaya llega a los juzgados para celebrar otro juicio

La juez Mercedes Alaya llega a los juzgados para celebrar otro juicio / EP

El ex presidente de la Junta, José Antonio Griñán, estaba oyendo la sentencia que lo ha condenado a seis años de cárcel y 15 de inhabilitación y en la planta de arriba celebraba un juicio la magistrada que muchos consideran su bestia negra:Mercedes Alaya (Écija, Sevilla, 1963). La magistrada que comenzó a instruir el caso de los ERE, fiel al hermetismo que la caracteriza, no accedió a los requerimientos de los periodistas que quisieron conocer su opinión sobre la sentencia de la llamada pieza política. “Sólo la conozco por los comentarios de pasillo”, se limitó a decir. Ni una palabra más.

El fallo del tribunal, que condena e inhabilita a algunos de los más altos cargos de la Administración andaluza durante períodos bajo un férreo control del PSOE (gobiernos presididos por Manuel Chaves y José Antonio Griñán), viene a sintonizar con el objetivo que en su día se marcó Alaya, concentrada en llegar a lo más alto de la “cúspide de la pirámide”, al corazón de la trama. La Fiscalía también se sumó a sus tesis. Desde hacía tiempo, los ayer condenados tenían el cuerpo hecho a recibir penas severas, pero no tan duras.

Alaya las suscribe. Como si desde el piso de arriba hubiese sido ella quien comunicara la sentencia a los 21 imputados. La juez siempre estuvo convencida de que había un hilo directo que llevaba el escándalo de los ERE fraudulentos hasta las más altas instancias del poder autonómico, hasta despachos de San Telmo y de más de una consejería. Sólo tenía que tirar de él. Empezó a hacerlo en enero de 2011 a raíz de la investigación de las irregularidades detectadas en la sociedad Mercasevilla.

Ocurrió con Alaya que a lo que podría considerarse un natural ejercicio de perseverancia como instructora sumó un exceso de vehemencia, cuando no de prepotencia. Su forma a la hora de afrontar los interrogatorios cosechó no sólo críticas entre los abogados defensores de la persona a la que tenía enfrente, sino entre no pocos compañeros de carrera. Un ejemplo llamativo fue la comparecencia del ex consejero de Empleo, Antonio Fernández, la noche del 23 de abril de 2012, llamada noche del pescaíto, el estreno de la Feria. El interrogatorio terminó pasadas las siete de la mañana. A esa hora, Fernández enfiló rumbo a la prisión de Sevilla I.

Literalmente, Alaya no escatimaba esfuerzos cuando se trataba de acorralar a los imputados. Otro de sus movimientos más llamativos fue el auto con el que caldeó la comparecencia de Chaves en el Tribunal Supremo en abril de 2015 dictando un auto en el que aseguraba que todo el “Gobierno de la Junta” estaba al corriente del fraude porque “conocía expresamente” el uso ilícito de las ayudas a través de las distintas memorias elaboradas por Intervención de la Junta.

Tampoco dudó en acuñar el término preimputación, figura inexistente hasta la fecha que se inventó para montar el cerco a los ex presidentes Chaves y Griñán. Su estilo una vez dentro de las dependencias del Palacio de Justicia en el Prado de San Sebastián, bautizado como alayismo –por lo bajinis algunos guardias civiles la llaman “la muñequita”– contrastaba con la timidez que sus allegados aseguran que la caracteriza. Con la toga se deshacía de ella. Se acercaba con la sempiterna maleta con ruedas al puesto de control y los agentes se cuadraban. Y el imputado, si no temblaba, notaba la taquicardia.

Fue precisamente aquel año, 2015, cuando comenzó a declinar su estrella. Emerge la juez María Núñez Bolaños, que se hace con la titularidad del Juzgado número 6 de Sevilla al obtener una plaza Alaya en la Audiencia Provincial. Es junio. Y en octubre, quien inició la investigación del mayor escándalo político e institucional en Andalucía es apartada por el TSJA de las macrocausas debido a “su clara voluntad de no colaborar” con Bolaños. Alaya había solicitado una comisión de servicio para seguir instruyéndolas. El Alto Tribunal andaluz detecta un “escenario conflictivo” entre ambas magistradas. Hay quien ve una clara depuración en la marcha de Alaya.

Ella pasa a la acción. Le coge el gusto a su atractivo mediático, a ciertas portadas, a los colorines y al papel satén. Un reportaje en el Vanity Fair enseña la “otra” Alaya: puño de hierro contra la corrupción político envuelto en seda. Y alejada de los ERE reparte también –se abona a conferencias, charlas– para los jueces, cuya independencia llegó a cuestionar, y denuncia la “injerencia” del poder político en el judicial.Al filo de la una de la tarde de ayer no eran pocos lo que aseguraban que Alaya había dictado sentencia. Desde el piso de arriba.

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