Sentencia de los ERE

La sentencia de los ERE, como un día de notas en el colegio

  • Magdalena Alvarez: “Volveré a recurrir una y otra vez hasta que se haga justicia”

  • Silencio de Mercedes Alaya, la primera que habló de llegar a la “cúspide de la pirámide”

El perro Noris, tras revisar la sala de vistas El perro Noris, tras revisar la sala de vistas

El perro Noris, tras revisar la sala de vistas

Los 21 acusados por el caso de los ERE se sentían hoy como en un día de recogida de notas en el colegio. Pocos habían dormido y se fueron reuniendo en la segunda planta de la Audiencia de Sevilla con gesto serio, posiblemente anticipando la sentencia dura que sus abogados vaticinaban.

La primera ex consejera en llegar a la Audiencia fue Carmen Martínez Aguayo, ex titular de Economía. Luego lo hicieron José Antonio Griñán, Antonio Fernández, Magdalena Álvarez, Francisco Vallejo y uno de los últimos fue el ex presidente de la Junta Manuel Chaves.

La entrega del fallo se retrasó 30 minutos y la tensión iba en aumento en un descansillo donde esperaban más de cien personas: los ex altos cargos hacían corrillos según la consejería de la que procedían, mientras que Chaves y Gaspar Zarrías mantuvieron una breve conversación en voz baja.

Acudieron a conocer la sentencias no solo los procesados: también Antonio Estepa, ex secretario general de Hacienda exculpado durante el juicio, los abogados de CCOO personados en otros sumarios de los ERE y los letrados de de la acusación particular del PP, Luis García Navarro y Lourdes Fuster, ahora subdirectora de la Agencia de Medio Ambiente en el Gobierno andaluz de PP y Ciudadanos.

Uno de los acusados vaticinaba así el resultado: "Esto es un globo que se ha hecho tan grande que ningún tribunal de Sevilla se va a atrever a pincharlo". "Siempre nos quedará el Supremo", decía otro abogado evocando la película "Casablanca". 

Algunos se permitieron bromas: “¿Qué pálpito tienes?”, preguntaron a uno de los investigados. Y respondió: “Cien pulsaciones por minuto”.

Fue tal el secretismo que rodeó la publicación de la sentencia, que a las 12.10 horas, minutos después de la cita a los imputados, la secretaría de la Sección Primera todavía estaba fotocopiando la parte del fallo que les iban a entregar. 

Otros hacían sus números: si la sentencia tenía 1.700 folios (al final resultaron ser 1.821), la lectura de toda ella habría durado más de 28 horas.

A las 12.30 horas, como en un examen de Selectividad, una agente judicial fue llamando uno a uno a los imputados, procuradores y abogados, que se sentaron en la sala de vistas. Les entregaron en papel únicamente los folios con el tipo de delito por el que eran condenados y la pena aparejada.

Según los presentes, se hizo un silencio sepulcral y empezaron a verse caras serias cuando cada uno leyó la parte que le afectaba. Hubo algún que otro abrazo con su abogado y muchos se acercaron a felicitar a los dos únicos absueltos: el ex interventor general Manuel Gómez y el ex jefe del Gabinete Jurídico de la Junta  Francisco del Río.

A la salida, las caras que habían intentado aparentar normalidad no disimulaban la contrariedad: afloraban algunas lágrimas y los letrados y acusados se despedían con abrazos afectuosos y palmadas en la espalda. Después de un año sentados en la misma sala de vistas y de otro año esperando la sentencia, muchos afirman haber creado vínculos personales.

La exministra Magdalena Álvarez fue la única que hizo una breve declaración para decir que la sentencia “ha sido totalmente una injusticia” y “volveré a recurrir una y otra vez hasta que se haga justicia”.

Los imputados y sus abogados se fueron rápidamente de la Audiencia, como en estado de shock, y anunciaron que no harán declaraciones hasta que se hayan leído toda la resolución.

La juez que instruyó el caso de los ERE, Mercedes Alaya, estaba a la misma hora celebrando un juicio en la planta inmediatamente superior. Ella fue la primera que habló de llegar hasta la “cúspide de la pirámide” pero este martes, a preguntas de algunos periodistas, declinó hacer declaraciones.

Sí las hicieron algunos abogados como Adolfo Cuéllar, que defendió a uno de los ex altos cargos condenados, quien afirmó a los periodistas que la sentencia “no es dura, es durísima. Todos creíamos que iba a haber absolución por malversación y varias absoluciones por prevaricación, pero no ha sido así”.

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