Abogacía La cara amable de la Justicia

  • Se jubila Joaquín Álvarez Zamorano, responsable de la Sala de Togas de los juzgados durante 12 años

  • Las víctimas “le parten el corazón” y se le quedó grabado el cinismo de los acusados por la muerte de Marta del Castillo

Joaquín Álvarez Zamorano, en la Sala de Togas de los juzgados Joaquín Álvarez Zamorano, en la Sala de Togas de los juzgados

Joaquín Álvarez Zamorano, en la Sala de Togas de los juzgados

— Después de 12 años atendiendo a abogados y ciudadanos en esta Sala de Togas, ¿recuerda alguna época dorada de la Justicia?

Ninguna, la Justicia no es lo más agradable para ver. Aquí nadie quiere venir porque viene a rendir cuentas por algo. La falta de medios es total porque la Justicia no interesa a nadie, no produce beneficios ni da votos. Eso sí, va a su ritmo, es más lenta que lo deseable, tarda pero al final llega.

— ¿Quienes la sufren más?

Sin duda, los abogados son los grandes sufridores de la Justicia. Los abogados de oficio son como una ONG y es una vergüenza lo que cobran por un día de guardia. Los retrasos son un mal endémico, no se pueden convocar juicios cada 15 minuto, ninguno empieza a su hora y eso es una falta de respeto al abogado. A partir de la crisis de 2007 muchos abogados dejaron su despacho y se instalaron en una habitación de su casa y ahora la situación ha vuelto a empeorar con el Covid.

— ¿Ha cambiado la Justicia con el Covid?

Al principio afrontó la pandemia con incertidumbre pero luego no ha cambiado mucho. Algunos juzgados toman precauciones excesivas y luego ves a los funcionarios tomando cervezas en el bar. Los funcionarios han seguido cobrando, los más perjudicados han sido los abogados que tienen menos trabajo.

— ¿Que recuerda de los acusados y víctimas que venían a esta Sala de Togas a preparar las declaraciones con sus  abogados?

Se me encogía el corazón ante casos de asesinatos y las víctimas menores de edad. Recuerdo a los padres de una profesora norteamericana que fue asesinada y descuartizada en Sevilla. Eran mayores, hicieron un viaje largo desde Estados Unidos y en esta misma sala se enteraron de como había sido la muerte de su hija.

Curiosamente, el delincuente habitual suele venir aquí como un corderito. Pero hay otros como los acusados de la muerte de Marta del Castillo que venían con un aplomo y un rictus de cinismo que no se les movía de la cara. Es triste que haya gente así.

“Soy el único que ha tenido encerrado a Lopera”

— Aquí se refugiaban los imputados en casos mediáticos para esquivar a la prensa

— Los abogados me pedían venir un poco antes o irse un poco después del cierre del edificio. Uno de los que venía más temprano era Manuel Ruiz de Lopera [ex presidente del Betis] cuando tenía que declarar en el juzgado de instrucción 6. Un día yo tuve que salir a hacer unas gestiones y les avisé de que iba a cerrar con llave. Luego los demás abogados me decían que soy el único que había tenido encerrado a Lopera.

Ruiz de Lopera era extremadamente atento. Sabiendo que yo soy hincha del Atlético de Madrid, me decía que era un buen equipo y cuando se quedaban a mediodía para continuar las declaraciones por la tarde encargaba bocadillos para ellos, para mí y para todos los que estuvieran aquí.

“Me consideraba la cara de los ocho mil abogados sevillanos”

— Muchos destacan de usted la cordialidad con la que trataba a los justiciables

Yo consideraba que era la cara de los ocho mil abogados sevillanos, que eran quienes me pagaban, y debía tratar a sus clientes como lo harían ellos mismos. Era la impresión que se iban a llevar del Colegio. Siempre he pensado que los problemas personales tienes que dejarlos en casa y los demás no tienen por qué sufrirlos, ya tienen bastante con lo que tienen.

— Le he visto solucionar todo tipo de problemas al que entraba por esa puerta

Una vez los vigilantes de seguridad de la entrada me mandaron a una persona que preguntaba por una calle de Sevilla.

— En estos años habrá vivido anécdotas de todos los colores

Un abogado me contó que le contrató una mujer para su divorcio y cuando fue a presentar los papeles descubrió que ya estaba divorciada pero se le había olvidado porque habían seguido conviviendo. Hay personas que ignoran que la Justicia es un servicio gratuito y dicen a sus letrados que “si hay que pagar algo, se paga”. Muchas veces los ciudadanos entran por la puerta preguntando si esta es la  “Sala de Trolas”, no sé qué tipo de connotación tendrá para ellos…

—¿Que es lo mejor que le han dicho los abogados sobre su trabajo?

Lo mejor es lo que no te dicen y lo sientes, pero muchos decían que este es el único sitio a dónde podían venir a relajarse.

— ¿Han cambiado las formas de hace unos años y las de ahora?

Es un problema de la sociedad en general, donde se han perdido las formas básicas. Sé que el hábito no hace al monje, pero antes los abogados venían con corbata negra y eso les daba prestancia y respeto. Al fin y al cabo, esto es un templo de la Justicia.

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