Juicios históricos en Sevilla

Condenado a 18 años de cárcel por siete homicidios, solo cumplió cinco

  • Quemó un bar de alterne de la Alameda, despechado tras el rechazo de dos chicas.

  • Fue indultado cuando le quedaban 13 años por cumplir.

La Policía inspecciona el mismo local, escenario de otro crimen en 2011 La Policía inspecciona el  mismo local, escenario de otro crimen en 2011

La Policía inspecciona el mismo local, escenario de otro crimen en 2011

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Jesús Fernando era un camionero navarro de 27 años que estaba de paso por Sevilla. El 19 de enero de 1973 acudió a la güisquería La Vaquita de la calle Joaquín Costa, cuando la Alameda era una degradada zona de prostitución. Se gastó dinero en invitar a copas y, a pesar de las promesas iniciales, luego fue rechazado por dos chicas de alterne. 

Despechado, quemó el local. En el incendio murieron cinco camareras (dos de ellas magrebíes), el barman y un cliente de 22 años.  Otro cliente sufrió quemaduras graves.

El juicio empezó el 28 de noviembre de 1974 y en él la acusación particular llegó a pedir la pena de muerte. Cuentan las crónicas que la expectación era máxima en la Audiencia y que la fuerza pública tuvo que actuar para ordenar el acceso a la sala de vistas. Había muchos paisanos del acusado, llegados en autocar desde Pamplona.

Funcionarios de Justicia sevillanos recuerdan todavía el juicio y el salón de plenos lleno de público. Ellos estaban recién ingresados y acudieron para aprender. Recuerdan por encima de todo lo agradable que resultaba el acusado y los  muchos testigos que declararon a su favor como persona bondadosa y trabajadora.

La entonces Sala Segunda de lo Criminal de la Audiencia sevillana le condenó por un delito de incendio, siete delitos de homicidio y un delito de lesiones graves, con las atenuantes de trastorno mental transitorio y arrepentimiento espontáneo, a 11 años de presidio mayor y a pagar indemnizaciones de entre 750.000 y un millón de pesetas (4.500 a 6.000 euros).

La sentencia consideró demostrado que Jesús Fernando, despechado y con idea de quemar el local, salió a la calle, tomó un taxi y “expuso su propósito al taxista”. Fueron a las gasolinera de la calle Torneo, compró cuatro litros de combustible en dos latas, regresó en el mismo taxi a La Vaquita y esparció la gasolina por la moqueta. El reguero llegó a una estufa de butano situada cerca de la puerta, lo que provocó que se inflamara el combustible y se levantara una cortina de fuego que incomunicó el interior con la salida. 

Los cinco magistrados del tribunal -con Guillermo Raigón como ponente- consideraron que el acusado tuvo la intención de quemar el local por sus “actos inequívocos”, aunque finalmente el fuego se desatase por el contacto con la estufa y no porque el acusado hubiese aproximado una cerilla. 

Declararon probado que los antecedentes del caso no revelaban “la intención de dar muerte a las personas que desgraciadamente la encontraron”, sino solo la de quemar el bar “aunque aceptando el riesgo de que perecieran o resultaran lesionados sus ocupantes”.

Horrorizado por lo que había hecho, el incendiario tomó un taxi de inmediato, se dirigió a una comisaría y confesó con frases incoherentes lo sucedido. 

La sentencia le absolvió de una falta de injurias “atendidas a las circunstancias de momento, lugar y circunstancias” en que profirió la frase “casa de putas”.

En mayo de 1975 el Tribunal Supremo corrigió la sentencia y anuló la atenuante de trastorno mental transitorio, por lo que elevó la condena a 18 años de cárcel

Jesus Fernando solo cumplió cinco años. El 10 de febrero de 1978, el rey Juan Carlos le indultó el resto de la pena que le quedaba por cumplir “teniendo en cuenta las circunstancias que concurren en los hechos” y “de acuerdo con el parecer del Ministerio Fiscal y de la sala sentenciadora”.

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