El modelo de la Fontana de Trevi en la Plaza de España de Sevilla
La ordenanza reguladora del uso del principal monumento del 29 incluirá también la posibilidad de cobrar por la visita turística
Habla Sevilla, habla
¡Miren hacia abajo al pasar por la Plaza de Pilatos!
Que viene, que viene... Se oye por la Plaza Nueva. Y la advertencia no se refiere a la Semana Santa que obliga al plan de seguridad más delicado del año. El proyecto de cobrar por la visita a la Plaza de España sigue vivo (y coleando), una vez que se tiene claro que ha de limitarse a la parte de titularidad y gestión municipal: el salón de la plaza propiamente dicha. El plan no se ha orillado, se gestiona en silencio, que no es lo mismo. El cobro por el monumento al completo es inviable porque el Estado no parece precisamente dispuesto con respecto a su parte, al menos de momento. Pero eso no impide que se oiga el aviso. Que viene, que viene... Vendrá la posibilidad de cobro así referida en la ordenanza reguladora del uso de la plaza. Es el primer paso. Y se levantará la instalación necesaria para que sea posible la organización de esa visita de pago. Será el segundo paso. Este febrero de sustos por la lluvia se ha producido una noticia que ha pasado desapercibida para muchos, sobre todo porque no paramos de sumar desgracias que nos tienen en vilo, ora la tragedia ferroviaria, ora la sucesión de temporales. Hace solo unos días que en Roma se ha impuesto la visita de cobro en la Fontana de Trevi. El Ayuntamiento establece un precio de dos euros por persona para el acceso a la escalinata de la fuente. O lo que es lo mismo: el que se quiera acercar para hacerse la consabida foto tiene que pagar. La taquilla es una carpa blanca. Un recorrido de vallas marca la senda de la cola de espera de los visitantes que en su primera semana ha funcionado con bastante fluidez. Unos trabajadores perfectamente identificados asumen las gestiones de vender las entradas o de validar las de quienes las han adquirido por la vía digital. Por supuesto, también dispensan los tiques gratuitos para los residentes, cosa que, por lógica, preocupó a tantos sevillanos cuando se conoció en primera instancia la intención del gobierno que preside el alcalde Oseluí, pero aquel primer plan tenía un error de origen como la ambición de cobrar, como ya se ha dicho, por la visita a la totalidad. El sistema de cobro de la Fontana está vigente los lunes y viernes de 11:30 a 22:00 horas. El resto de los días, de 9:00 a 22:00 horas. Fuera de esos horarios, el acceso es libre como lo ha sido siempre, luego la opción de la visita nocturna, tan preferida por muchos turistas, sigue siendo tan posible como gratuita. En las franjas horarias de cobro se organiza la bulla y se consigue una recaudación con destino a la conservación de los monumentos.
La acogida de la medida ha sido muy favorable en Roma. Incluso muchos turistas han admitido que el pago de los dos euros permite una visita mucho más cómoda. Siempre está la posibilidad de admirar la fontana gratis desde fuera del terreno acotado, otra cosa es que la distancia no permita arrojar la moneda como dicta la tradición. El Ayuntamiento de Roma entendía que la presión ejercida contra el monumento era ya inadmisible, que lo era si se tiene en cuenta que fue visitado por nueve millones de personas en 2025. Eso sí que es un exceso y no las procesiones nuestras todo el año... Con un turismo masivo y, por tanto, necesariamente de consumo, que busca el 'selfi' antes que el conocimiento de los monumentos, se impone algún tipo de regulación, distinto es que la idónea sea o no el cobro de la visita. Doctores tiene la Iglesia, sobre todo en Roma, y asesores tiene Oseluí, que los tiene... No se nos olvide que nuestro alcalde anunció en su día que por la Plaza de España se cobrarán tres o cuatro euros. Que no digan que no valoramos lo nuestro...
Qué contentos se deben poner en la Plaza Nueva cuando en Roma confirman que el primer día de cobro de la visita de la Fontana se vendieron cinco mil entradas. Y la cosa marcha desde entonces sin mayores incidencias ni protestas más allá del eco menguante del debate propio (y sano) que generan estas medidas. Cuando el alcalde Sanz ve esas cifras debe sentir que ha llegado el apoyo exterior, una sensación parecida al del que está en apuros y oye el cornetín del Séptimo de Caballería. No hay argumentario mejor para avalar su plan que la determinación del Ayuntamiento romano. Entre la exportación de pasos de Semana Santa y la tramitación de iniciativas para regular el turismo, tendremos que firmar un acta de hermanamiento entre las dos ciudades. Y que nuestros barandas aprendan a dar el pregón a la entrada de la Plaza de España: "Four euros, quatre euros...". Sevilla superó los cinco millones de visitantes en 2025, 700.000 más que el año anterior. Todos los datos y los ejemplos exteriores propician el planteamiento de cobro. La pregunta es clara. ¿Y por qué no la tasa? Roma la tiene vigente sin que se resienta el número de visitantes. Resultará un contraste el cobro por la visita de la Plaza de España en una ciudad donde no rige la tasa. La Junta de Andalucía no está por la labor. El grupo de presión de los hoteleros pone el grito en el cielo. Apostar por el turismo de calidad obliga a poner la tasa, porque quien deja de venir a Sevilla por no pagar una tasa mínima no debe encajar en ningún patrón de calidad.
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