"La Policía nos controlaba cuando Pinochet vino al funeral de Franco"
Fue médico de cabecera de Allende desde que ganó las elecciones en 1970 hasta el 11-S de 1973 Casi mil días de proximidad al inquilino de La Moneda y un largo exilio posterior
-Soto Guzmán. ¿Ascendencia española?
-Debe haber algún cacique araucano en la familia. Sangre española, pero no muy reciente. La de Alicia, mi esposa, sí lo es. Sus padres eran andaluces. De Almería mi suegro, de Cádiz mi suegra.
-Se reencontró a la fuerza con su patria 'política'...
-Como le pasó a mi suegro. Estaba de cónsul en Chile y cuando empieza la guerra civil se decanta por la República. Negrín le dice que siga allí, pero en 1938 se incorpora a su quinta y se viene con las Brigadas Internacionales. Tengo una foto de Allende despidiéndolo en el barco. Al acabar la guerra, sale por los Pirineos. Volvieron a Chile por México.
-El golpe de Pinochet lo devolvió otra vez a España...
-En la Escuela Diplomática, mi suegro fue condiscípulo de Cortina Mauri, el último ministro de Exteriores de Franco. Le mandó una carta para reincorporarse y lo destina a Relaciones Culturales de Exteriores. Le encargaron destinos fuera de España, pero no quería representar a Franco. Su vida es seguramente más agitada que la mía.
-Pero usted estaba el 11 de septiembre de 1973 en el Palacio de la Moneda. ¿Cómo lo recuerda cuarenta años después?
-He tenido tendencia a mitigar todo eso que se llama nostalgia. Echo de menos la gente, los amigos, la vida cotidiana, mi hospital. El exilio es muy fuerte. Escritores muy distinguidos han escrito sobre él. Desde que salí en 1973 yo no pude volver legalmente a Chile hasta 1987. En catorce años cambian muchas cosas en uno, en su familia. Mis cinco hijos eran muy pequeños cuando vinieron. Las tres niñas viven ahora en Madrid.
-¿Y los varones?
-Uno es periodista en Chile, el otro neurólogo en Boston.
-Cuando vivían en España, Pinochet viene dos años después del golpe al funeral de Franco...
-Esos días la policía visitó nuestra casa, cerca del Retiro. Nos dijeron que no podíamos salir de casa. En la época franquista la Polícia española colaboraba con la de Pinochet. Pasaron por casa a preguntar qué tal estábamos, cómo nos iba, esas preguntas banales para que supiéramos que nos tenían controlados.
-Mil días (946 en su cuenta) con Allende. ¿Con qué intensidad?
-Viajando con él en todas sus salidas al extranjero. A costa de no ver a mis hijos. Fui un padre horrible que tuve en mi mujer una compañera excepcional. Cuando nos fuimos a Cuba viví más cerca de mis hijos. En España los veía más, pero no veíamos Chile.
-De las 16 personas que estaban en el palacio de la Moneda ese día, habla de una hija de Allende, Beatriz, que estaba embarazada. ¿Qué fue del nieto del presidente?
-Se llama Alejandro y con veinte años salió de Cuba, el país de su padre. Se fue a Chile, no se adaptó, y vive en Nueva Zelanda.
-El doctor Soto Guzmán atendió un cólico nefrítico del general Lanusse, una laringitis aguda de Fidel Castro y una artritis imaginaria de Allende...
-Fue un subterfugio para quedar bien con los estudiantes de Ecuador que querían conocerlo y con los anfitriones, que lo hubieran visto un feo diplomático.
-¿Es verdad que Allende se quita la vida con un fusil-ametralladora que le regaló Fidel?
-Totalmente comprobado. Un arma de fabricación soviética. Siempre habrá personas que lo discutan, periodistas que fantasean con historias imaginarias.
-Pero usted estaba allí...
-No sólo yo. El doctor Patricio Guijón volvió al salón Presidencia y vio cómo el presidente se aplicaba la ametralladora bajo la barbilla, estallaba la caja craneal y la masa encefálica, que es muy blanda, saltaba por todas partes. Esa versión fue ratificada muchos años después, en 2011, yo mismo tuve que viajar a Chile para prestar declaración, por una comisión internacional de la que formó parte un especialista español, Echeverría Gabilondo. Se confirmó que fue suicidio y una sola bala, no varias como decían.
-¿Es el testimonio de un amigo?
-Hasta que me nombra su médico de cabecera, no era su amigo, ni lo conocía. Me fue ganando progresivamente. Yo cuento mis experiencias, otros hablarán de las mujeres, del deporte, del buen vino. A Allende le gustaba el buen vino. Tinto.
-Abre el libro con la cita del Nobel Albert Camus, "la amistad es la ciencia de los hombres libres", y luego habla de otro Nobel, su paisano Pablo Neruda.
-Neruda era el candidato del Partido Comunista. Pero no salió.
-¿Como Vargas Llosa?
-Vargas Llosa ahí se equivocó. Pensó que tenía más popularidad política de la que tuvo. Es un magnífico escritor, pero se puede discrepar de sus ideas actuales, antes era rojo y el mayor partidario de la revolución cubana.
-Viajó con Allende a México y Cuba. Las otras patrias de García Márquez. ¿Lo trató?
-Fue partidario de Allende y de la Unidad Popular. Dijo cosas sobre la muerte de Allende que no eran ciertas. Era lo correcto políticamente, para una persona de izquierdas, pero cuando lo correcto no es verdadero se hace incorrecto. Y dijo que no volvería a escribir hasta que no se fuera Pinochet, cosa que no cumplió.
-¿El médico de Allende conoció al médico de Franco?
-Fui muy amigo del doctor Vicente Pozuelo. Al llegar me encargan que ponga en marcha una unidad coronaria y de cuidados intensivos en la clínica Ruber. Pozuelo mandaba a los enfermos en situación crítica, estaba todo el tiempo con Franco de un hospital a otro, del Pardo a la Paz, lo operaba, le hacía transfusiones, le ponía sueros especiales traídos de Estados Unidos. Pozuelo era un hombre muy llano, muy amable, yo todos los días le preguntaba que cómo iba Franco. Quiso que me fuera a trabajar con él.
-¿Se ha hecho madrileño?
-Más bien segoviano. Trabajé 28 años en un hospital de Segovia.
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