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Aitana | crítica

Aitana o el ímpetu de la mujer 'Alpha'

Vídeo del concierto de Aitana en Sevilla / José Ángel García

Yo no tengo el perfil de la inmensa mayoría de los espectadores que acuden a un concierto de Aitana; ni siquiera sabía que el dress code de este era el color azul. Por eso quise saber qué iba a encontrarme anoche en el Estadio de la Cartuja y estuve tratando de investigar como habían sido sus anteriores conciertos de esta gira, Alpha Tour, en la que se encuentra inmersa actualmente. Tuve que dejarlo por imposible porque lo único que encontraba era centenares y centenares de páginas en las que no se hablaba de sus conciertos absolutamente nada, el único tema que aparecía una vez y otra, y otra, y otra, era el de la coreografía de su canción miamor que escandalizó a una señora en su concierto de Valencia, por lo que escribió un tweet y levantó una liebre que desde entonces no ha dejado de crecer y correr velozmente por todas las redes sociales -lo que sería algo normal- y por las redacciones de todos los periódicos y webs -pretendidamente- serias del país. Que la mujer menor de 30 años más relevante de España, según el estudio de Personality Media, valorando factores como la forma de marcar tendencia, de ser modelo a seguir, atractivo, simpatía, naturalidad, cercanía, modernidad, haya pasado de pronto a ser comidilla morbosa generalizada como consecuencia de que una cosa que hace sobre el escenario disgusta a la caverna casposa dice muchas cosas sobre el estado de la sociedad española. Y ninguna de ellas es buena. Aitana se ha convertido en un blanco fácil, un receptáculo para nuestras ansiedades nacionales sexuales. Pero ella se ha deshecho de cadenas y está mostrando una resuelta seguridad que la ha convertido en una amenaza para las ideas establecidas sobre cómo deben presentarse las jóvenes artistas.

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Aitana / José Ángel García

No estuve en su concierto del año pasado, pero cuando la vi en el que dio hace cuatro años durante los fastos de la MTV en el Cartuja Center Cite, fui testigo directo de cómo le robó el corazón a la juventud sevillana, igual que había hecho apenas un mes y medio antes, arropada en el Auditorio Rocío Jurado por más de 8.000 espectadores. Hoy tiene Aitana 24 años y todas las jóvenes a las que llevó al éxtasis han crecido con ella y volvieron a darse cita en el Estadio de la Cartuja para, lejos de escandalizarse por trivialidades que no forman parte de su mundo, probar de nuevo La miel en los labios de su acompañante mientras la cantante interpretaba esa canción, y para entonar a capela el estribillo de Vas a quedarte, su canción que hasta ahora era la más conocida y representativa.

En realidad, esas dos son las únicas canciones que quedan de aquellos conciertos. Aitana interpreta ahora, cuatro años y varios desvíos estilísticos después, un repertorio totalmente diferente, compuesto por las quince canciones que incluye el disco que da nombre a la gira, Alpha, recientemente editado; un trío de canciones del disco anterior, el 11 razones de 2020, y un amplio ramillete de los singles que ha ido lanzando entre esos dos álbumes, como Berlín y algunos de los producidos junto a otros músicos de la generación Z: Tu foto del DNI, con el que ejerció de hada madrina para lanzar la carrera de Marmi; el Mon amour, para el que se asoció en su momento con Zzoilo; Quieres, una alegre canción del verano para competir con el Despechá de Rosalía, que sacó a trío con la cantante argentina Emilia Mernes y la rapera canaria Ptazeta y Mariposas, la adaptación al castellano de la canción italiana Farfalle, con la que Sangiovanni causó sensación en el festival de San Remo del año pasado.

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Aitana / José Ángel García

El espectáculo se inició a base de batería pregrabada y fuego en las pantallas; Aitana, mezclada con sus ocho, a veces nueve o diez, bailarines de ambos sexos se preparaba, mientras sonaban como intro los ritmos electrónicos de Alpha09, para lanzarse hacia adelante con Los Ángeles, en una batalla perdida por hacerse entender por encima de las voces de 20.000 espectadores, entre los que había muchísimas chicas adolescentes y niñas aún más jóvenes, que habían arrasado con todas las localidades puestas a la venta. Siguió 2 extraños, todavía con mucho sonido lanzado desde las consolas y sobre el escenario solamente Ale Romero, al piano electrónico y los teclados, en un extremo, y en el otro, Matt de Vallejo, el mismo batería que vimos hace unas semanas acompañando a Mónica Naranjo. Se salió por primera vez del disco protagonista de la noche con Berlín, para acercarse a sus fans adentrándose un poco en la pista por la corta pasarela que salía del escenario; mientras cantaba solo quiero besarte y besarte, los bailarines se fundían junto a ella en besos y besos. Para entonces ya habían aparecido también los otros dos músicos que componían su banda de apoyo, que estuvieron entrando y saliendo del escenario según lo necesitase la instrumentación en vivo de la canción: Guillermo Guerrero a la guitarra y Sergio Fernández al bajo, cambiándolo a veces por un sintetizador. Volvió al disco presentado con Dararí, AQYNE y En el coche. La puesta en escena rayaba la perfección, era un espectáculo de altura con una producción magnífica. Y una vez que, tras las cuatro primeras piezas los técnicos reajustaron el canal de la voz de Aitana, que se perdía un poco en la mezcla, el sonido brilló también; aunque tendríamos que preguntarles a los espectadores de la grada alta si opinan lo mismo, eternos sufridores de los rebotes del cemento y la enorme cristalera del fondo sur, hacia donde estaba orientado. De todas formas, podemos decir que han hecho un excelente trabajo los directores musicales de la joven cantante: Ludovico Vagnone, que se ocupó también del concierto de David Bisbal que vimos hace poco en la Maestranza, y Harto Rodriguez, que igual se atreve con sonidos de Electronic Dance Music que de flamenco clásico; recordemos que en la entrevista que nos concedió hace dos semanas Ángeles Toledano nos dijo que él es quien tiene la última palabra en la producción del disco que está grabando.

Para las siguientes, = (Igual) y No te has ido y ya te extraño, de su disco del 2020, Aitana prescindió del cuerpo de baile y las coreografías preparadas por Adrián Manzano; ella sola, pisando fuerte, fue un atractivo punto focal interpretándolas con garra. La mirábamos a ella más que a las estrellas, decía de forma muy apropiada la letra de Luna, canción con la que continuó, también testigo del concierto, aunque no la pudiésemos ver con la cubierta del recinto -luna llena, la saludó Aitana, espero que la podamos sentir todos esta noche-. Después, en el climax de + (Más) el operario de la steady cam se convirtió en su compañero de danza, girando a su alrededor para mostrárnosla desde todos sus ángulos en las enormes pantallas del escenario, que de nuevo se llenó de bailes y saltos cuando volvieron todos para acompañarla en Tu foto del DNI y Mon amour. Y llegó miamor. Y pasó miamor. Y solo dejó atrás gritos de felicidad y el paseo orgulloso de Aitana al levantarse del suelo al final de la canción. ¿Alguien esperaba otra cosa?

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Aitana / José Ángel García

Y así siguió transcurriendo la noche, con ella dándolo todo entre los que bailaban, en Ella bailaba, Quieres, Mariposas, o sola delante del pie de micro, cubierto de rosas rojas en 24 rosas, o desnudo en Con la miel en los labios; manteniendo la intimidad con sus fans cantando con la única compañía del piano The Killers para cada una de ellas, aprovechando una rica vena de melancolía rota por los ritmos house con el bombo a negras de Pensando en ti, que incluyó un guiño a Teléfono, el primero de sus éxitos. La suavidad de Otra noche sin ti le permitió tomar aire para la recta final, con todas las chicas del estadio coreando esa declaración de imperfecciones que se aceptan a sí mismas de Vas a quedarte entre lágrimas y sonrisas, sobre todo cuando recordó entre sus estrofas a Elena Huelva, su joven y grandísima fan a la que se llevó el maldito sarcoma cuando se iniciaba el año. El fundido a negro del escenario nos la descubrió al volver la luz con todos los bailarines flanqueándola, formados en una fila horizontal que se rompió una vez que sonó la estrofa tan familiar del Saturday Night de Whigfield que Aitana ha adaptado en Las babys, para mantenerse bailando -durante un ratito acompañada en el escenario por deslumbradas chicas del público- hasta la despedida final con Formentera. Después de haber empezado a las nueve y unos minutos, poco después de las diez y media de la noche el concierto ya había terminado; era aún muy temprano y la chavalería estaba con los ánimos a tope. Por eso, en mi camino hacia el coche, entre las familias que también hacían el mismo recorrido por el descampado del aparcamiento, lo que más escuché fueron voces infantiles con peticiones del tipo: Papá, ahora vamos al McDonald, ¿no…?

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