Córdoba y Málaga ante el reto de la Capitalidad Cultural
La Capitalidad en Córdoba articula los grandes proyectos de la ciudad. La candidatura malagueña gira en torno al mar y a la idea de modernidad como centro de vanguardias.
El proyecto Córdoba 2016 experimentó en 2008 un avance significativo, concretado en el nombramiento de Carlota Álvarez Basso, ex directora de Proyectos de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, como gerente de la Fundación Córdoba Cultural, la puesta en marcha del organismo (con la aprobación de una previsión presupuestaria y un plan de actividades para 2009) y la consolidación de un calendario cultural que se vio reforzado por la primera edición de La Noche Blanca del Flamenco. La candidatura, que cuenta ya con alrededor de 115.000 adhesiones, incluyó también en su calendario diversos foros y jornadas con objeto de conocer la experiencia de otras ciudades, nacionales y extranjeras, que han sido Capital Cultural de Europa.
La Capitalidad se ha consolidado ya como el principal reto de la Córdoba contemporánea y constituye el eje en torno al cual se articulan los grandes proyectos de la ciudad, como el centro de congresos de Miraflores o la ampliación del Aeropuerto. La candidatura ha sido impulsada desde sus orígenes por una oficina municipal y desde 2006 por la Fundación, cuyos patronos fundadores son el Ayuntamiento, la Diputación, la Junta de Andalucía y la Universidad de Córdoba. La llegada de Álvarez Basso, gestora cultural con gran experiencia en distintas instituciones, ha reactivado el proyecto, al que también contribuyó en 2008 el reforzamiento de los grandes acontecimientos culturales de la ciudad: fundamentalmente, el encuentro literario Cosmopoética, el festival de creación joven Eutopía y el Festival de la Guitarra.
Por su parte, la candidatura de Málaga a la Capitalidad Cultural de Europa en 2016 se ha venido desarrollando en los últimos años de manera, cuando menos, discreta. Impulsado por el Área de Cultura del Ayuntamiento, el proyecto no cuenta con instituciones ex profeso: Si hasta 2007 se había contemplado la puesta en marcha de una fundación que aglutinara a las diversas administraciones públicas, entidades financieras, empresas y a la Universidad de Málaga, el actual delegado municipal de Cultura, Miguel Briones, desechó al asumir las riendas esta posibilidad, cuya utilidad sólo volvería a estudiarse en el caso de que Málaga quedara como ciudad designada en 2012. Incluso la Oficina de la Capitalidad, que en su día vertebró las distintas iniciativas, ha quedado en un absoluto segundo plano frente al Ayuntamiento, lo que confiere al proyecto un agudo carácter municipalista. Un comité de expertos, formado por catedráticos, arquitectos y personalidades relevantes del ámbito de la cultura en Málaga se mantiene como único órgano dedicado a la candidatura diferente del Consistorio, aunque por supuesto vinculado a él.
Entre las medidas adoptadas para la promoción de la aspiración a 2016 en Málaga, además de la recogida de firmas y la asignación del correspondiente logo a todo acto cultural organizado desde el Ayuntamiento, destacan la celebración de la primera Noche en Blanco en mayo de 2008, en la que participaron todos los espacios expositivos y escénicos municipales –resultó significativa la ausencia del Museo Picasso Málaga, dependiente de la Junta de Andalucía– y la instalación de exposiciones al aire libre en el centro histórico de la ciudad.
Desde finales de 2008, el propio alcalde, Francisco de la Torre, y Miguel Briones, mantienen encuentros con diversos colectivos de la ciudad (desde medios de comunicación hasta empresarios pasando por cónsules) en los que informan de las claves en las que se basará el proyecto de Capitalidad que Málaga presentará en la Unión Europea, previsiblemente a lo largo de 2009. La candidatura se articulará en torno a dos conceptos: el mar, como patrimonio que ha permitido a la ciudad formar parte de prácticamente todas las civilizaciones del Mediterráneo, desde los fenicios a los árabes pasando por cartagineses, romanos y bizantinos (lo que emparenta el proyecto directamente con el que hizo a Génova lograr la Capitalidad en 2004); y la idea de modernidad, comprendiendo a Málaga como centro aglutinador de las vanguardias europeas, especialmente en su dimensión de ciudad clave en el desarrollo de la literatura (con una mirada singular a la Generación del 27 y al ejercicio impresor realizado desde la Costa del Sol) y las artes plásticas (con Picasso como emblema).
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