Desenfados y desengaños barrocos

Andrés Moreno Mengíbar

21 de agosto 2010 - 05:00

Noches en los Jardines del Real Alcázar. Programa: Obras anónimas y de F. Vals, L. Ruiz de Ribayaz, G. Caccini, P. Ataignant y T. Merula. Mezzosoprano: Marta Infante. Arpa barroca: Manuel Vilas. Lugar: Jardines del Real Alcázar. Fecha: Jueves, 19 de agosto. Aforo: Lleno.

Marta Infante y Manuel Vilas llevan ya varios años investigando y difundiendo nuevos repertorios barrocos, tanto españoles como italianos, especialmente en lo referente a las canciones o tonos para voz y continuo en el mundo hispánico del siglo XVII. En el programa presentado en su participación en el ciclo del Alcázar dieron a conocer algunas de las piezas por ellos rescatadas y grabadas, siendo especialmente relevante el fondo de tonos humanos españoles y de cantatas italianas anónimas procedentes del fondo Contarini de Venecia.

Resulta insólita la voz de Infante en el panorama canoro español por la anchura y profundidad de su registro, que le permite alcanzar cotas graves más propias de una contralto con perfecto apoyo y sostenimiento, a la vez que remontarse a zonas superiores sin que por ello se noten saltos ni cambios de color. La voz es grande en volumen, especialmente rica en armónicos en la franja central, sin apenas aristas en la emisión (salvo algún que otro ataque algo abrupto y gutural en la primera pieza) y se desenvuelve con agilidad y naturalidad. Su control de la coloratura fue especialmente brillante en Duerme descansa (escalas descendentes) y en Amarilli mia bella, pieza ésta en la que cada frase fue rematada con un matiz ornamental diferente de gran eficacia expresiva. Con todo, lo más reseñable en la interpretación de Infante fue la expresividad de su fraseo. Articulando perfectamente las palabras, puso su voz al servicio de la resolución de los afectos, de la traducción sonora de la intención contenida en los versos. Así, en Suspiros sobresalió el sobrio uso de la coloratura y los pequeños matices diferenciales en las repeticiones, desde pianissimi perfectamente sostenidos a acentuaciones más enfáticas. En las cantatas italianas consiguió resolver el caleidoscopio de sentimientos y afectos que se encierran en esos breves minutos. Con todo, lo más emocionante fue la Conzonetta spirituale sopra alla nanna de Merula, en la que, sobre un hipnótico ostinato perfectamente regulado por Vilas, Infante fue dotando a su canto de emotividad y profundidad mediante una impresionante flexibilidad en la articulación y en el fraseo.

Manuel Vilas fue más allá del simple acompañamiento en su interpretación del arpa de dos órdenes, pues sostuvo siempre el canto en una intensa comunión expresiva, acentuando a la vez que la voz, como en la mencionada pieza de Merula. En las piezas a solo, sobre todo en las de Ribayaz, destacaron su precisión en la digitación y su sabiduría estilística a la hora de ornamentar y resolver las variaciones.

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