Extremoduro cumple con las expectativas
Más de 8.000 personas se congregaron en el Estadio de la Cartuja
Sevilla volvió a presenciar el sábado por la noche la rebeldía e inconformismo que Extremoduro libera en cada canción desde hace 30 años. El grupo extremeño presentó en el Estadio de la Cartuja, y ante un público de diferentes generaciones, su último y undécimo trabajo de estudio, Para todos los públicos, que da nombre a una gira que termina el 8 de noviembre. Más de 8.000 sevillanos se congregaron para disfrutar una vez más de los cinco rockeros que han sido influencia de tantos grupos españoles.
La expectación del público ante esta gira aumentó cuando al entrar en el recinto, el espacio estaba diferenciado con dos carteles: zona marchosa y zona tranquila. Este curioso hecho ya se anunciaba en la web del grupo antes de la gira: "Pretendemos que los que queráis estar delante pero más tranquilos, os ubiquéis en la zona izquierda según veis el escenario, y los que queráis ejercer vuestro derecho al bailoteo os coloquéis en la parte derecha. Queremos con esto que bailan no molesten a los que miran, ni los que miran a los que bailan".
Cuando los focos se encendieron, con media hora de retraso, y un enorme contenedor portuario de color azul colgado en la cúspide del escenario comenzó a descender, los asistentes se deshicieron en aplausos. Desde el interior del container sonaban pesados ritmos de guitarras hasta que salieron tres miembros de la banda derrochando contundentes acordes metaleros para un público que atendió enérgico cada uno de los guiños de los pacenses.
La primera parte del concierto fue una montaña rusa musicalmente hablando. El grupo promocionó su último disco y la mayoría de los asistentes buscaba corear con sus ídolos los grandes temas de los álbumes anteriores. Por eso subió la temperatura cuando sonaron La vereda de la puerta de atrás, Golfa o una más que correcta síntesis de La ley innata y cada uno de sus movimientos. Robe Iniesta y su escudero y guitarrista Uoho regalaron, antes de acabar este primer fragmento de la cita, un nuevo tema de estilo melódico sentados en las escaleras del escenario. Esta imagen evocó a más de uno de los asistentes aquellas giras en las que Robe hacía un mano a mano con su guitarra para demostrar a todos la esencia de un estilo musical que domina.
El segundo entreacto fue un regalo para todos los que deseaban, después de dos años, volver a saltar con los grandes hits de la banda. Con un público joven y no tan joven maravillado, los de Iniesta demostraron su larga trayectoria con Standby, Jesucristo García, Ama, ama, ama y ensancha el alma, Puta o Salir. Una vez más se cumplió eso de que los clásicos nunca mueren, tras casi tres horas y media de concierto.
Los extremeños estuvieron a gusto en el escenario y las composiciones del undécimo trabajo: Locura transitoria, ¡Qué borde era mi valle!, o el homenaje a Triana Poema sobrecogido fueron interpretados con fuerzas creando uno de los mejores momentos de la noche. La banda liderada por Iniesta, si bien se dejó por el camino algunas canciones pedidas por un público con ganas de más rock & roll, como So payaso, demostró que es capaz de conquistar a un público joven y seguir coqueteando con los más veteranos que han seguido toda su trayectoria.
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