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Icónica Sevilla Fest

Hasta pronto, Juanito Makandé

Juanito Makandé en la Plaza de España

Juanito Makandé en la Plaza de España / Juan Carlos Muñoz

Hoy hemos sido testigos de un concierto excepcional. Y no lo digo por su calidad, que también, sino porque ha sido un hito en la carrera de un artista y los 10.000 espectadores que estábamos ante el escenario de la Plaza de España, hemos sentido su misma emoción, agridulce, entre alegre de fiesta y triste de despedida; porque esto último es precisamente lo que hacía Juanito Makandé aquí: despedir su carrera como músico de conciertos, después de 21 años domando a los pájaros negros de su interior, aquellos que le dieron nombre a uno de sus mejores discos: el ego, la envidia, la desidia, todos los sentimientos contra los que luchar para ser mejor cada día y reflejar los resultados de la pelea en hermosas canciones llenas de los versos que comenzó a escribir cuando descubrió la poesía viviendo encima de la biblioteca de la Puerta de Toledo, en Madrid. Juanito seguirá unido a la música, no puede ser de otra manera, como guitarrista, compositor, productor, músico de estudio que apoye a cualquier artista que vaya a sus estudios de grabación en la mallorquina Sierra de Tramontana para crear sus obras. Pero tocando la guitarra, el cajón, cantando, encima de un escenario, no volverá a verlo nadie una vez que terminaron los últimos aplausos con que le despidió anoche el público asistente al Icónica Sevilla Fest.

Precisamente comenzó con una canción de ese disco mencionado, Muerte a los pájaros negros, cuando escuchamos los sones funkies de la sección de metales de Lisandro Facundo al saxo, Miron Rafajlovic a la trompeta y Roberto Elekes al trombón; a los que se unieron la batería de David Bao, la guitarra eléctrica de Juanma Montoya y el bajo de Fernando Lamadrid; los teclados de Juan Sebastián Vázquez asomando por debajo y Juanito entonando, casi rapeando, una canción de buenas vibraciones a pesar de su título, Pistolas y cuchillos, apoyado por su compadre Fran Cortés, a su lado, los dos con guitarras de palo entre las manos. Con ellas sonando comenzaron Calores, hasta que un redoble de batería metió a los instrumentos eléctricos, sumándose luego los metales, que en el tramo final instrumental de la canción derramaron groove, en su fusión con los ritmos de rumba de las guitarras. Antes de empezar, Juanito había invitado a salir con ellos al escenario a Chiki Lora, el primero de la larguísima lista de amigos que no quisieron perderse una noche tan especial en compañía de alguien que siempre significó algo grande para ellos. Por ejemplo, para Chiki fue Juanito una especie de gurú que le ayudó a producir su disco Ura en los estudios de este y le puso a algunas canciones guitarras, percusiones y voces de apoyo.

Juanito Makandé Juanito Makandé

Juanito Makandé / Juan Carlos Muñoz

Domingo eterno, al ritmo de reggae y -díselo, Robe- un gran solo del trombón de varas y Me quiero colocar contigo, luciéndose David a la batería, fueron las primeras incursiones en las canciones de su disco más reciente, el Folclore sintético de este mismo año, del que rescató al menos media docena más, que fue alternando con otras de Las canciones que escribí mientras volaba y Pájaros negros; entrando en El habitante de la Tarde Roja solo una vez, con Oh mama y repasando bien el Estricnina que grabó con El Canijo de Jerez, al que invitó a acompañarle en Churrete y Ringo, la canción con la que continuó el concierto, manteniéndolo a su lado en Oye mujer, con los metales jurándonos por su madre que Chicago es una pedanía de Jerez, y Pedaleando, dedicada a Sevilla -desde la Alfalfa a la Alameda, desde la Alameda a Triana-, de ese disco que grabaron juntos.

Kamikaze marcó el primer tramo acústico; guitarras y suaves trompeta y percusiones -con Juanito al cajón flamenco- para recordar las letras por alegrías de Camarón, a quien llevaba estampado en su camiseta negra, a las que la canción hace referencia en los primeros versos; y Cuando te empecé a querer, para lucirse Fran con las cuerdas de nylon. La Mari de Chambao llegó para La llave, para cantar sobre las puertas que se abren y dejar de ser cobarde. Los componentes de Tu Otra Bonita fueron los siguientes en subir para, cambiando las tornas esta vez, ser ellos quienes invitasen a Juanito a cantar Alitas de mar, la canción del disco que editaron el año pasado en la que también participó él. La cordobesa Lya ya había cantado a veces El tango de las ratas y esta noche tuvo la oportunidad de hacerlo de nuevo junto a su autor, en una versión en el que las percusiones de drum & bass de la grabación original se diluyeron más en las palmas por tangos. Con Hierro, de nuevo una de sus últimas canciones, otra vez la banda al completo, inició el tramo que le llevó hasta el primer falso final; En el alma un remolino, una de aquellas canciones que inauguraron el flamenco indie; Ya no soy un crío, con unas líneas, tanta fiesta ya no aguanto, que no definían para nada lo que hasta ahora sucedía e iba a seguir sucediendo; 39 Años, incidiendo en el asunto de que se hace viejo, como si a esos años -bueno, ya está en los 40, que hace un año que la compuso- estuviese en el umbral de la tercera edad y Eres para mí, que aportó otra gran carga de emotividad.

Juanito Makandé Juanito Makandé

Juanito Makandé / Juan Carlos Muñoz

La vuelta fue de nuevo acústica, para cantarle Juanito a la ciudad de las calles donde al fin supo quien era; la voz y los arpegios del piano por delante para cantarle a Sevilla. ¡Y venga más invitados! Ahora de dos en dos, de tres en tres… Rycardo Moreno y Juakinito Moreno el Seco con sus guitarras flamencas y Poti Trujillo para darle más potencia a las percusiones en Huele a café; Diego Guerrero, que aprendió de El Niño Miguel que una orquesta sinfónica podía esconderse dentro de una guitarra, y su mujer, Nasrine Rahmani, nacida en Australia, de padre persa, de madre africana, para darle a las percusiones de El hambre del mañana todos los aires que ha heredado; Amparanoia y Muerdo para Oh mama, con un inicio en el que los instrumentos parecían sacados del primer disco de UB40 y Mario Palma para 7 espejos, otra canción a la que volvieron los compases por tangos arropando a los acordes de jazz, que Juanito ya grabase con él hace un par de años.

Con Tocar las nubes ya nos olíamos que el final real se estaba acercando, pero no podía faltar Niña voladora. Y no faltó. Y no falló, envolviéndonos de magia y romanticismo, con esos versos entre los que se incrustan otros de Kiko Veneno: en un cuartito los dos, veneno que tu tomaras, veneno tomaba yo… luego El niño pájaro, para clavárnosla en el alma y Arañando el aire, antes del fin de fiesta por bulerías, o por algo que se le parecía bastante, con todos allí a pie de escenario, entre los que se metieron además Antoñito el de las 3000, Fernanda Peña, María José Luna y Maribel la Canija. Se arrancó Juanito con unos cantes de Ana de los Reyes, gitana de Jerez, Me duele el alma; la Canija y Lya recordaron a Lole Montoya con Nuevo día y las Bulerías de la luna, para seguir una y otra en juerga incansable. Dos horas y tres cuartos nos daban ya desde que aquello empezó.

Debía ser difícil para todos los participantes, y sobre todo para Juanito Makandé, dejar los ánimos serenos para que se impusiera el brillo de las interpretaciones durante toda la noche; se logró muchas veces, aunque también tuvimos muchas muestras de sus vetas más anárquicas, ruidosas y juerguistas. El último concierto de Juan fue un triunfo saboreado por todos, aunque el sabor del final fuese, repito, el agridulce de las lágrimas de despedida. Pero salió del escenario a hombros, mientras le iban cantando -arránquese usted también por bulerías, amigo lector- qué bien me lo pasé, qué bien me lo pasé, en el concierto del Makandé

Juanito Makandé Juanito Makandé

Juanito Makandé / Juan Carlos Muñoz

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