Guerreros, heraldos, trompeteros
La Regalada | Crítica
La ficha
La Regalada
*** XL Femás. La Regalada: Vicente Alcaide, Carles Herrúz, Cesar Navarro, Manuel Arnedo, Guillermo Ferrando, Juan Bautista Abad, Juan Carlos Igea y Ricard Casañ, trompetas naturales; Onofre Serer, percusión.
Programa: 'Al son de clarines y timbales' (obras de Monteverdi, Fantini, Caldara, Torri, Philidor, Philidor le Cadet, Lully, Charpentier, Bendinelli, Schmelzer, Altenburg, Sanz y anónimos). Lugar: Espacio Turina. Fecha: Sábado 11 de marzo. Aforo: Un cuarto de entrada.
Acontecimiento singular en el Femás. La Regalada abrió el Festival el día antes con una breve fanfarria en la Encarnación en medio de un ambiente infernal por la intolerable megafonía de un evento deportivo que se había programado en las Setas (resulta por completo inconcebible que en zona residencial de una ciudad civilizada del siglo XXI se permita algo así, horas y horas durante varios días consecutivos) y en las mañanas de sábado y domingo tenía programadas sendas actuaciones en el ciclo callejero del certamen, pero nunca antes un grupo de estas características había ofrecido un concierto en un auditorio cerrado.
Un concierto que casi no es un concierto, como bien explicó un César Navarro que ejerció de didáctico y divertido maestro de ceremonias, y que insistió en la idea de que lo que ofrecían eran en realidad cuadros sonoros, casi el paseo por un museo que recorriera el mundo de los siglos XVI a XVIII, en los que la presencia de las trompetas en la vida cotidiana de las ciudades era continua. Ejercían de instrumento militar y heráldico, siempre vinculados a la representación del poder, participaban en procesiones y banquetes (principalmente al aire libre, claro) y de allí pasaron a las óperas, bien en forma de fanfarria introductoria (como en el Orfeo de Monteverdi en una Tocata que era seguramente el himno de los Gonzaga de Mantua) o cumpliendo esas mismas funciones heráldicas y militares donde la acción teatral lo requiriera, pero también a las salas de concierto, y durante el XVII en Bolonia se desarrolló un estilo muy singular de Sonata para trompeta, es verdad que con un acompañamiento de continuo y a veces de otros instrumentos solistas, pero de esta forma también se metieron en música instrumental de los maestros austriacos del stylus phantasticus (Schmelzer, Biber) y penetraron en la orquesta barroca para dar relieve, siempre en compañía de los timbales, a momentos de especial solemnidad o majestuosidad, tanto en obras religiosas como profanas.
Con las limitaciones conocidas del instrumento (sólo puede dar la serie armónica natural del sonido principal en que esté afinada, lo que depende de la longitud del tubo) y del repertorio, La Regalada buscó mover la curiosidad con un juego con el espacio, planteando contrastes antifonales y efectos de eco, muchas veces con algunos instrumentos tocando fuera de la escena y, por supuesto, con la impecable actuación de Navarro como conductor de todo el evento. Resultó ciertamente admirable el nivel de afinación conseguido (la perfección es imposible, claro), la conjunción del grupo de ocho trompeteros, siempre apoyados en un estupendo Onofre Serer con timbales y tambor, para una sesión que sirvió como recordatorio no sólo de las funciones básicas de la trompeta en el mundo de la Edad Moderna, sino de las más elementales reglas de la armonía.
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