Pepe Luis Carmona | Cantaor "Hay mucho chovinismo con el flamenco en Andalucía"

  • El artista madrileño, estrella de aquel 'Nuevo Flamenco' de los 90 con La Barbería del Sur, regresa ahora con su tercer disco en solitario, 'Mil caminos y un cantaor'

El cantaor Pepe Luis Carmona (Madrid, 1968), retratado en la sede de 'Diario de Sevilla'. El cantaor Pepe Luis Carmona (Madrid, 1968), retratado en la sede de 'Diario de Sevilla'.

El cantaor Pepe Luis Carmona (Madrid, 1968), retratado en la sede de 'Diario de Sevilla'. / Juan Carlos Muñoz

"Fíjate, todos los Habichuela son guitarristas... menos yo. La guitarra es muy sacrificada, en cuanto tuve un poquito de conocimiento de causa me di cuenta. Qué voy a decir, no hay necesidad de mentir: yo era más golfillo, no habría sido capaz de tirarme diez horas metido en una habitación y venga, dale, venga, dale... El cante es muy intuitivo, muy de corazón, por eso me gustó". Sonríe Pepe Luis Carmona, hijo del tempranamente fallecido Luis Habichuela –tercero de la gran dinastía de tocaores que completan los hermanos Juan, Pepe y Carlos–, hermano de Josemi Carmona y primo de los otros dos miembros de Ketama, amén de fundador en 1991 de La Barbería del Sur, grupo fundamental de lo que en su día se llamó Nuevo Flamenco, o lo que es lo mismo, aquella generación de grupos y sellos, con Nuevos Medios al frente, que fusionaron el flamenco con el pop, la rumba, los aires jazzísticos e incluso el soniquiete tropical, logrando una enorme popularidad.

"Nunca fui un divo, pero lo cierto es que cuando me retiré estaba fuerte, muy arriba todavía", recuerda ahora este cantaor madrileño de 51 años que tras el primer disco de La Barbería del Sur probó suerte en solitario... y no la encontró. Caído del cielo (1997), su primer disco como solista, no tuvo apenas recorrido –entre otras razones por líos de discográficas: Polygram y Universal se estaban fusionando en aquel momento y la energía de las compañías se agotó en ese proceso interno–, y al artista, desanimado, le costó reponerse. Regresó mucho después, en 2015, con La vida llega. Y ahora acaba de publicar Mil caminos y un cantaor (Universal).

"Después de un tiempecito viendo los toros desde la barrera, te cambia la perspectiva. Yo he llegado a estar muy fuera de todo esto, por eso ahora, al volver, sólo puedo sentir una satisfacción muy grande. Yo viví aquella época en la que la industria musical tuvo un auge inmenso, y para qué voy a mentir: se ganaba muchísimo dinero y se vivía estupendamente. Ahora ha cambiado todo muchísimo y, entre otras cosas, parece que la calidad es lo de menos porque mandan otras historias, pero por eso mismo me alegra ver que sigue habiendo un espacio para uno, que la gente se interesa", dice Pepe Luis Carmona.

"El cante se ha convertido en el pariente pobre del flamenco; hay que sacarlo del siglo XVIII e incorporarlo al XXI"

Mil caminos y un cantaor, explica, responde a su manera de vivir el flamenco. Como nunca dejó de hacer, combina con total naturalidad el flamenco de pura cepa con formas de composición más flexibles y un acabado más o menos pop. "He querido en el disco hacer una reivindicación de la figura del cantaor. Yo soy de los que piensan que un camino, cuando es desconocido, es más camino. Por eso, aunque me pegue una hostia, porque ese riesgo está siempre ahí, a mí me gusta trabajar desde la incertidumbre, desde el corazón y desde el misterio que hay en mí", explica.

"Pero el título sobre todo hace alusión a mi impresión de que los cantaores suelen recorrer poco camino a lo largo de su vida, cantan su soleá, cantan su seguiriya,y ya... ¡Y es fantástico, ojo, eso no se puede perder! Pero uno ve a los guitarristas y está claro que tienen más amplitud, han abierto mucho más el abanico, y del baile qué voy a decir: se aprecia hasta en el vestuario y el uso de las luces. El cantaor se ha convertido en el pariente pobre del flamenco, pese a que el flamenco nació a raíz y alrededor del cante. Por eso lo que yo reivindico son esos mil caminos que un cantaor, si es inteligente y se abre, puede llegar a recorrer. Puedes incorporar otros matices, otros registros... El cante no se puede quedar en el siglo XVIII, hay que incorporarlo al siglo XXI y que vuelva a ser el elemento más importante del flamenco", defiende el cantaor.

El cantaor, durante la conversación con este diario. El cantaor, durante la conversación con este diario.

El cantaor, durante la conversación con este diario. / Juan Carlos Muñoz

En el debate sobre la pureza, una de las ficciones de mayor prestigio en ciertos relatos sobre el flamenco, Pepe Luis Carmona tiene callo desde antes de cumplir los 20 años. "Ya ves, nos cayó lo más grande... pero a la gente le encantaba. Yo ya tengo otra edad, pero en aquel momento es cierto que me dio problemas ser un cantaor y crear La Barbería del Sur. Los cantaores de flamenco tradicional no me daban mi sitio, pero tampoco me lo daban los que estaban fuera del flamenco porque yo no dejaba de ser cantaor... Estaba en una tierra de nadie, y no fue del todo fácil hasta que me di cuenta de que estar ahí, en esa tierra de nadie, era mi verdad. Y ahora vengo con ganas de demostrar que no se trata de defender esa tierra de nadie, sino la libertad de cada uno para hacer lo que quiera y lo que sienta si lo hace desde su verdad. Así que con los flamencólogos estoy ya curado de espanto. Además, yo sé lo que es un ingeniero, tiene su carrera, su título..., pero ¿un flamencólogo? ¿Eso qué es, cojones? En todo caso, digo yo, su opinión valdrá tanto como la mía".

"Me siento orgulloso de ser Habichuela, pero serlo no me ha ayudado: se me ha juzgado con más dureza"

Sobre su pertenencia a una saga tan importante del flamenco, dice el cantaor que, pese a todo, lo que a él le ha "ayudado más ha sido el trabajo del día a día". "En mi caso ser Habichuela no me ha ayudado demasiado, orgulloso claro que estoy, muchísimo, pero me ha valido de poco –afirma–. A lo mejor a otras personas sí les ha beneficiado pertenecer a una familia señalada, pero no a mí. Tampoco veo que le haya ayudado mucho por ejemplo a Dolores Agujetas ser hija de quien es. Es que al final la supuesta ayudita se convierte en un estigma. Se juzga con mucha más dureza. Hay gente que canta muy bien y a lo mejor son hermanos o hijos de grandes figuras. No, es que su padre es mejor. Joder, pero eso no quiere decir que tú no cantes muy bien. Vamos, que no, que yo a ese legado poquita ventaja le he sacado, la verdad".

Su padre era de Granada, donde el flamenco tiene unos acentos tan peculiares, y donde el propio cantaor ha residido; su madre, trianera de Sevilla, donde para qué hablar, si ya se sabe. "Pero el flamenco que yo conozco se llama Madriz", dice con acento castizo y un toque socarrón. "Es una música de Andalucía, del sur. De Teruel es evidente que no es. Pero hay mucho chovinismo con esto en Andalucía. Quiero decir que obviamente Andalucía es la cuna, pero ni el flamenco ni el mundo se acaban más allá. En Madrid de hecho tuvo lugar aquella época dorada que fueron los 80, y donde yo aprendí a cantar y vi a Camarón, a Morente, a Paco [de Lucía], ¡a los Habichuela! –guiña un ojo– fue en Lavapiés, en el Candela. Para mí, el flamenco es andaluz-madrileño".

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