Rafael Ruibérriz. Cuarteto Goya | Crítica Boadilla era una fiesta

Rafael Ruibérriz y el Cuarteto Goya en el Espacio Turina.

Rafael Ruibérriz y el Cuarteto Goya en el Espacio Turina. / P.J.V.

En el madrileño Palacio de Boadilla del Monte residía el infante don Luis de Borbón cuando Luigi Boccherini, su músico predilecto, compuso sus dos primeras series de Quintetos con flauta (Op.17 y Op.19). Muchos años después, ya desaparecido el infante, el compositor escribiría una nueva colección, la Op.55. Dieciocho piezas en total, que Rafael Ruibérriz y el Cuarteto Goya han grabado con instrumentos de época y presentado este atípico sábado de Feria en el Espacio Turina.

Se trata de música ligera, de divertimento, melódicamente atractiva, como tanta de la que se escribía por entonces para los ocios de la aristocracia europea. Pero Boccherini no era un cualquiera y supo dejar su sello, por ejemplo en esos tiempos lentos cargados de melancolía que abren el Op.17 nº3 y el Op. 19 nº4; por ejemplo, con las síncopas tan Sturm und Drang de ese mismo Op.17 nº3; en el virtuosístico pasaje para violonchelo (su instrumento) del Op.19 nº4; en las imitaciones de fanfarrias de la apertura del Op.19 nº6; en el juego imitativo de la cuerda, mientras la flauta desarrolla unas exquisitas figuraciones por encima del Andantino del Op.55 nº2; en el tono afandangado de los minuetos de la Op.55...

Boccherini supo encontrar variedad en la repetición insaciable de unas fórmulas compositivas y Ruibérriz y el Cuarteto Goya lo hicieron en su interpretación. Aunque por suerte en España empiezan a resultar frecuentes los cuartetos de cuerda de calidad, son aún extraños los que tocan con instrumental y criterios de época.  Desde un arranque con acentos punzantes, con articulaciones bien marcadas y fraseo sinuoso, el Goya mostró buena afinación y empaste y un sonido siempre matizado, claro en los pasajes más polifónicos, aguerrido en las homofonías y bien graduado en los pocos pasajes concertantes que ofrece la música. En todo ello, la flauta de Ruibérriz se integró admirablemente, con la dulzura y la elegancia habituales de sus maneras para una sesión de festivas galas ilustradas.

Al final, a las propinas se sumó Telma, la mascota de Ruibérriz, una esbelta weimaraner que figura en la portada del triple disco que recoge las dieciocho obras de Boccherini, publicó el sello Brilliant y sirvió de motivo para este concierto.

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