Rancapino Chico | Crítica

Música en carne y hueso

Rancapino Chico y el guitarrista Antonio Higuero en un momento de su actuación. Rancapino Chico y el guitarrista Antonio Higuero en un momento de su actuación.

Rancapino Chico y el guitarrista Antonio Higuero en un momento de su actuación. / Grupo Joly

Una voz cálida, absolutamente personal. Un enorme sentido del ritmo. Y una afinación prodigiosa. Además del respeto absoluto al canon paterno, que alcanzó su cénit en la malagueña del Mellizo, hito de una noche prodigiosa. Esos son los valores de Rancapino Chico, que le han llevado a escalar, en poco tiempo, un lugar privilegiado en el actual Olimpo jondo. Siempre desde una óptica tradicionalista del cante, a la espera de su primer disco en solitario, que está ya en la fase de postproducción y que, previsiblemente, no arrojará sorpresa alguna. Estamos hablando del concepto de clasicismo flamenco, respecto al género del cante, que se estableció en los años de hegemonía de Rancapino padre, los 70 y 80. Incluyendo, no sólo una revisión enfática del legado de Caracol, en los fandangos y en la zambra o Aurelio Sellés en las cantiñas y malagueñas. También los tangos melódicos con estribillos lolailos que hicieron furor en esas décadas y que fue uno de los números más aplaudidos en el Teatro de los Remedios. Rancapino puede firmar sin que su discurso se resienta algunas letras y melodías compuestas para su padre por Paco Cepero. Por algo llevan el mismo remoquete artístico, mecionado hasta en tres ocasiones en el desarrollo de los cantes del recital de anoche. Lo que aporta Rancapino hijo es una visión reposada, autocontemplativa y extática frente a la naturalidad del modelo paterno. Y alguna ampliación de repertorio, más allá de la Bahía gaditana, por ejemplo en la soleá trianera que abrió el recital. Es decir, sin salirse del concepto del que hablábamos arriba.  Rancapino chico es un gran cantaor en la plenitud de sus facultades. Que domina los recursos y conoce a la perfección un repertorio que identifica con su propia historia, personal y familiar. Su mensaje ha ido calando como una lluvia fina y para muchos es una tabla a la que aferrarse frente a lo que ven como la disolución del canon tradicional y que no es otra cosa que dar un pequeño salto fuera de los tópicos para disfrutar de la música y la melodía real, de carne y hueso.

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