De amores patrióticos y conyugales

música

Sarah Roper y Éric Crambes protagonizan el estreno por la ROSS de dos de las obras más bellas del repertorio, el concierto para oboe de Vaughan Williams y la serenata 'Haffner' de Mozart.

La oboísta Sarah Roper, que lleva dos décadas en la plantilla de la Sinfónica de Sevilla, junto al concertino Éric Crambes.
La oboísta Sarah Roper, que lleva dos décadas en la plantilla de la Sinfónica de Sevilla, junto al concertino Éric Crambes. / Juan Carlos Vázquez
Charo Ramos

Sevilla, 17 de noviembre 2016 - 02:35

La mañana de Navidad de 1870 Cosima Wagner, que la víspera había cumplido 33 años, se despertó con un regalo escrito para ella como testimonio de un amor -ahora ya, conyugal- que había escandalizado durante los años previos a Munich y la corte de Luis II de Baviera. Esa pieza de cámara, que se acabaría titulando Idilio de Sigfrido -nombre operístico con el que Richard Wagner y ella bautizaron a uno de sus dos hijos en común-, es la que ha elegido en su versión orquestal John Axelrod para abrir el cuarto programa de abono de la Sinfónica de Sevilla, El amor es todo lo que necesitas, donde la ROSS interpretará además, por primera vez, el Concierto para oboe y orquesta de cuerdas de Ralph Vaughan Williams y la Serenata nº 7 Haffner de Mozart. La cita se dedicará a la memoria del jurista, profesor, consejero de la ROSS, presidente de Juventudes Musicales y verdadero ángel custodio de la vida sinfónica en la ciudad durante más de medio siglo, Julio García Casas (1933-2016).

En lugar de un director será el concertino invitado de la ROSS, el francés Éric Crambes, quien la conducirá y asumirá los solos de violín. "Desde hacía años deseaba tocar en Sevilla la Serenata Haffner que Mozart compuso con 20 años para la boda de la hija de un acaudalado comerciante de Salzburgo, Elisabeth Haffner", confiesa. El motivo es que esta obra en ocho movimientos, que sigue el esquema de la música galante tan en boga hacia 1776, introduce entre los dos primeros menuetto un rondó, "casi un concierto de violín en miniatura", que Crambes comenzó a tocar cuando tenía diez años. "Los niños aprenden esta obra en los conservatorios franceses y yo le debo buena parte de mi vocación musical", confiesa este invitado habitual de las principales orquestas europeas que, desde 2007, reparte su tiempo como concertino de la ROSS y profesor del Conservatorio Superior de París.

La serenata -"es música celebratoria e íntima así que encaja muy bien en un programa dedicado al amor", sonríe Crambes- interesó al director de la ROSS, John Axelrod, que decidió incluirla junto a la obra de Wagner en una velada que completa el concierto de Vaughan Williams a petición, en este caso, de la oboísta inglesa (aunque nacida en Nueva Zelanda) Sarah Roper. "La de Vaughan Williams es una música preciosa, agradable de escuchar, que puede interpretarse como un canto de amor a Inglaterra, pues incluye muchos elementos de su folclore. Al interpretarla no puedes dejar de ver los campos verdes que el compositor está describiendo", explica Roper, que se formó en la londinense Royal Academy of Music y en Alemania. Desde allí dio el salto a la Orquesta de Granada, cuyas filas abandonó al ganar la plaza de oboísta de la ROSS en 1996, hace dos décadas.

Tanto a Roper como a Crambes les llamaba la atención la escasa música británica interpretada en el Maestranza, "porque es un repertorio muy interesante, bello y accesible. Hay piezas preciosas de Elgar, por ejemplo, y es una pena que aquí no sean tan conocidas. Nosotros hemos hecho repertorios ingleses pero casi siempre fuera de la sala grande del Maestranza y en otros espacios, como el Auditorio de Ingenieros, donde interpretamos a Elgar, Holst y Britten".

Vaughan Williams escribió el concierto para oboe justo tras componer su Quinta Sinfonía. Su estreno estaba previsto en Londres, el 5 de julio de 1944, pero los bombardeos alemanes obligaron a posponerlo a septiembre del mismo año en Liverpool. "Fue escrito para un oboísta muy célebre en la época, Leon Goossens, y exige un gran virtuosismo; además hace guiños a la música del pasado, desde Bach a la polifonía barroca, Mozart y Haydn", añade Roper.

Pese a los problemas presupuestarios y políticos que sufre la ROSS, tanto ella como Crambes recalcan que los contratiempos no han hecho mella en el compromiso de la plantilla, sino al contrario: "La música es la mejor medicina, gracias a ella puedes escaparte a un mundo de placer y de belleza, olvidarte por dos horas de la dureza de la vida. Amamos lo que hacemos y estamos absolutamente implicados en no dejarlo caer y ofrecerle lo mejor al público".

stats