Los tontos de las pre-uvas

Ni un municipio sin montar la carpa para garantizar horas y horas de jolgorio regado con alcohol

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Una fiesta previa a la Nochevieja.
Una fiesta previa a la Nochevieja. / M. G.

02 de enero 2026 - 04:00

Desde siempre nos hemos referido al tiempo de gozo de los días anteriores a una celebración como las vísperas. Incluso hay viejos debates sobre si son en plural o si se debe aludir simplemente a la víspera. Y hay analistas enfrentados sobre su duración: ¿se limitan al día previo o se extienden a lo largo de más de una jornada?. Ahora a cualquier fiestuqui se le pone el prefijo y ya tenemos más horas de consumo, que es de lo que se trata. Hemos asistido a un chorreo de celebraciones, muchas de ellas con cargo a las arcas municipales, denominadas las fiestas de las pre-uvas. Los ayuntamientos montan carpas, contratan actuaciones musicales, adjudican un servicio de bar y, ¡hala!, ya tenemos el pan y circo de la Roma clásica, que aquí todo está inventado. El pueblo que bebe unido permanece siempre... distraído. Ni un alcalde sin ofrecer una fiestorra bajo la denominación de las pre-uvas y la tardevieja. ¿No existen las pre-bodas? Esa fiesta previa al día del enlace, como hicieron la infanta Elena y Jaime de Marichalar en 1995 en la finca Los Arenales. Muchos emulan esa costumbre desde entonces y ofrecen una pre-boda, como si no fuera suficiente con esos banquetazos maratonianos con horas y horas de barra libre y con derecho a recena. Aquí la Casa Real fija las tendencias, crea costumbre y marca criterio, como cuando el Príncipe de Asturias se marchó a estudiar el COU a Estados Unidos y se puso de moda enviar a los niños a estudiar al extranjero. ¿Y qué me dicen de las pre-ferias? ¿En cuántas ciudades no hay suficiente con los días oficiales de feria? Las pre-uvas están muy vinculadas al hábito pos-pandémico del tardeo. La costumbre de comer fuera el 24 o el 31 se ha alargado hasta la noche y ha encontrado la cobertura de esos consistorios de municipios deseosos de agradar a sus administrados y de conseguir alguna conexión en Andalucía Directo. El ejemplo de Madrid es ya de premio gordo. A este paso el Ayuntamiento de Bérchules debería organizar unas previas el viernes anterior a ese primer sábado de agosto en que se organizan las campanadas desde aquel apagón de la luz que dejó a los vecinos sin Nochevieja en 1993. La pre-boda, la pre-feria, las pre-uvas, la pre-cabalgata con sus heraldos que se multiplican como champiñones... Suena todo a los chicos del Preu, aquellos muchachos de la película de los años sesenta. Que disfrutamos más de las vísperas que de la propia Semana Santa es una marca de nuestra idiosincrasia. La certeza de que llega la fiesta genera más gozo que la propia celebración. Regar las horas con alcohol, fin principal que ya no se maquilla, es cosa muy diferente. Los aficionados al fútbol lo cantan sin disimulo y en un ejercicio de sinceridad absoluto. "¡Alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual!". Qué más da una boda, unas uvas anticipadas o los heraldos hasta en la sopa. En cuanto Baltasar se baje de la carroza, estaremos con la pre-cuaresma. Aunque en Andalucía esta torrija nos dura todo el año. Y la exportamos.

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