Los tranvías que perdimos en Sevilla: postales de una ciudad vertebrada sobre raíles

Revivimos imágenes de época de los tranvías en Sevilla y le damos una última vida gracias al uso de la IA

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Los tranvías que perdimos en Sevilla: postales de una ciudad vertebrada sobre raíles / Manu R. Macarro

Hubo un tiempo en que el pulso de Sevilla no lo marcaban los motores diésel ni el silencio eléctrico del Metrocentro, sino el chirrido metálico de las ruedas sobre los raíles y el eco de una campana advirtiendo a los transeúntes. Durante décadas, el tranvía fue el auténtico esqueleto de la ciudad, uniendo barrios cuando Sevilla aún se recorría a paso lento y el tiempo parecía discurrir con otra cadencia. Antes de los atascos, antes del rugido constante del tráfico, la ciudad avanzaba al ritmo pausado de aquellos convoyes que cosían el centro con la periferia naciente.

La historia comenzó en 1887, aunque no con cables ni catenarias, sino con tracción animal. Los primeros “tranvías de mulas” recorrían las calles polvorientas, conectando el corazón urbano con los arrabales en expansión. La verdadera revolución llegó en 1899, cuando se introdujo la tracción eléctrica. Sevilla se convirtió entonces en una de las ciudades pioneras en España en adoptar este sistema, incorporándose a la modernidad técnica de finales del siglo XIX. Los antiguos carros tirados por animales dieron paso a vehículos más rápidos y eficientes, que transformaron la movilidad urbana.

En su época de mayor esplendor, especialmente durante las primeras décadas del siglo XX, Sevilla contó con una red amplia y bien articulada, notable para los estándares de la época. Sus líneas alcanzaban lugares que hoy parecen lejanos para una tecnología de hace más de cien años. La línea de Triana cruzaba el Puente de Isabel II y unía el Altozano con el centro comercial y administrativo. La ruta hacia La Pañoleta acercaba a los sevillanos al Aljarafe y se convirtió en una de las más populares. La Redonda, de trazado circular, recorría el casco histórico y las rondas, facilitando desplazamientos sin necesidad de pasar por el centro. Las líneas de la Macarena y San Bernardo conectaban barrios populares con estaciones ferroviarias, mercados y zonas industriales. Gracias a esta red, miles de trabajadores, estudiantes y comerciantes dependían diariamente del tranvía para su vida cotidiana.

A partir de los años cincuenta, el tranvía comenzó a ser percibido como un obstáculo para el progreso. El auge del automóvil privado y la expansión del transporte por carretera cambiaron las prioridades urbanas. Los autobuses, primero los trolebuses y después los microbuses diésel, fueron ocupando su espacio. Desde las administraciones se defendía que los raíles entorpecían el tráfico y que el tranvía resultaba lento y anticuado frente a la nueva movilidad motorizada. El proceso fue lento, pero imparable. En 1950 comenzaron las primeras supresiones de líneas. Durante la década siguiente, la red se fue reduciendo progresivamente. El 8 de mayo de 1960 circuló el último tranvía de Sevilla, en una jornada cargada de simbolismo y nostalgia. La última línea en funcionamiento conectaba la capital con Puebla del Río, cerrando definitivamente una etapa de más de siete décadas de transporte ferroviario urbano.

Tras su retirada, muchos de los antiguos vagones fueron vendidos, reutilizados o desguazados. Los raíles quedaron sepultados bajo capas de asfalto, integrados en una ciudad que miraba decididamente hacia el automóvil. Sin embargo, de vez en cuando, alguna obra en el centro histórico deja al descubierto fragmentos de aquellos hierros olvidados, cicatrices urbanas que resurgen como testigos mudos de otra Sevilla, más lenta y humana.

Hubo que esperar casi medio siglo para que el tranvía regresara al corazón de la ciudad. En 2007, el Metrocentro volvió a recorrer la Avenida de la Constitución, recuperando, aunque de forma simbólica, una tradición perdida. Pero para muchos sevillanos que ya peinan canas, aquel nuevo tranvía nunca pudo igualar el encanto de los antiguos convoyes amarillos, ruidosos y vibrantes, que formaban parte inseparable del paisaje junto a la Giralda.

Porque aquellos tranvías no solo transportaban pasajeros. Llevaban consigo historias, rutinas y una forma de vivir la ciudad que hoy pertenece, definitivamente, a la memoria.

*****El vídeo que publicamos está realizado con fotos originales de los tranvías de Sevilla y llevadas a la vida gracias a herramientas de edición audiovisual asistida por Inteligencia Artificial******

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