La cultura, ¿vientos de cambio?
Políticas culturales
Todos los partidos pendientes de pactos han incluido la palabra "cultura" entre los ejes de su gestión municipal. Repasamos aquí los retos del próximo Consistorio en este ámbito.
El riesgo y los tiempo
Más interesado en perpetuar la imagen de Sevilla como ciudad barroca y aferrado a una idea de la cultura estrechamente vinculada al turismo, al equipo de Zoido le faltó un mayor diálogo con los creadores contemporáneos. El abandono de Zemos98 o la escasa proyección de las actividades del Centro de las Artes de Sevilla (CAS) son dos ejemplos de esta política, que tenía en la beca de formación para jóvenes artistas Sevilla es talento una de las pocas medidas concebidas para artistas actuales. En el programa de Participa Sevilla, consideran elementos "esenciales" para fortalecer el ámbito cultural "el riesgo y los tiempos". Esta agrupación defiende "apoyar iniciativas más experimentales y proyectos de investigación" a los que se renuncia "por falta de valentía y confianza en el talento y capacidades de nuestra gente". La candidatura encabezada por Susana Serrano también alude a otro de los problemas: las medidas que se toman en el sector son a corto plazo, vinculadas "a las agendas políticas", y "a veces se requieren unos tiempos más prolongados para poder obtener unos resultados concretos. Cada proyecto debería poder marcar sus tiempos con independencia de los cambios de partidos que estén en gobierno". A menudo, los gestores culturales tienen que esperar a la convocatoria de ayudas, lo que les obliga a vivir en la incertidumbre y corta el vuelo y el necesario margen para la planificación de sus programaciones. El coordinador de la Orquesta Barroca de Sevilla, Ventura Rico, pidió recientemente al alcalde un pacto por la estabilidad en este sentido.
'Vender' la ciudad
Una capacidad de previsión más a largo plazo y una serie de líneas estratégicas estables y perdurables más allá de siglas o nombres concretos y coyunturales contribuirá, como apunta el PSOE en su programa, a configurar "una agenda cultural anual de los eventos con mayor proyección nacional e internacional con antelación suficiente para facilitar su comercialización y que sirva de argumento de visita a Sevilla". Habría que fomentar medidas como las de Pedro Halffter, que anunció a principios de 2014 los títulos de la temporada 2014-2015 en el Maestranza, con antelación suficiente para promocionar las actividades del teatro en Fitur. Pero en esta tarea de vender la ciudad al exterior, el próximo alcalde debería compaginar la organización de grandes eventos -el PP planteó para el 2017 la celebración del Año Murillo, así como la conmemoración de la primera vuelta al mundo y el 90 aniversario de la Generación del 27- con una gestión sostenible, protegida de los vaivenes de la política partidista. Toda capital necesita grandes proyectos que se conviertan en un reclamo, pero el Ayuntamiento ha de atender las necesidades del tejido de autores, intérpretes y artistas y de gestores y espacios privados, que son quienes realmente hacen la cultura de la ciudad. Quien ocupe la concejalía de Cultura debe ser sensible a los problemas del sector. Un ejemplo: es un sinsentido programar el 70 aniversario de la muerte de Turina para 2019 mientras el festival que lleva su nombre y reivindica su patrimonio de la mejor manera, interpretándolo y difundiéndolo, languidece por falta de patrocinios y apoyos públicos.
Festivales
La Delegación de Cultura que ha dirigido Mar Sánchez Estrella ha potenciado tres grandes festivales municipales, la Bienal de Flamenco y el Festival de Cine Europeo (SEFF) en especial y también el Festival de Música Antigua (Femás), pero esta apuesta decidida por los eventos estratégicos del calendario cultural ha ido en detrimento de muchas otras iniciativas que han quedado asfixiadas, relegadas a apoyos públicos casi anecdóticos o bien excluidas totalmente de estos. Uno de los golpes de efecto más logrados fue la contratación de José Luis Cienfuegos, que venía del Festival de Cine de Gijón, para dirigir el SEFF. Éste se ha consolidado en esta legislatura gracias a una rigurosa programación, y tanto el PSOE como el PP plantean en sus programas electorales la celebración en Sevilla de los Premios del Cine Europeo, cuyas nominaciones se anuncian ya en la ciudad todos los años. También ha alcanzado un gran prestigio en estos años el Femás, bajo la dirección de Fahmi Alqhai; mientras que la Bienal de Flamenco sigue ejerciendo de buque insignia y recientemente su actual director, Cristóbal Ortega, recogía el Premio Max concedido a la cita por su contribución a las artes escénicas. Pero hay que recordar en este apartado un buen número de festivales privados sin los que no se entendería la vida cultural de esta ciudad, y que han atravesado y atraviesan, como se apuntó arriba, notables dificultades que en el caso de Zemos98, como se sabe, condujo a su triste desaparición: el Fest, el Mes de Danza, el Festival de la Guitarra, el South Pop, Circada, el Turina, Territorios, Contenedores o Perfopoesía... Algunas iniciativas se convirtieron en bienales (South Pop), otras concentraron su formato (Mes de Danza) y otras, como Perfopoesía, subsisten no sin haber afrontado un obligado parón. El nuevo equipo de Gobierno que resulte de estas últimas elecciones no puede olvidarlos.
Una red de teatros
Más allá de los espacios públicos municipales, el Teatro Lope de Vega y el Alameda, las salas privadas abiertas revelan la intensa actividad de un sector que pese a estar castigado -el cierre de la sala Fli, de los Ulen, y la agonía del Teatro Salvador Távora, que ha vuelto a programar aunque de manera intermitente, pueden verse como ejemplos notorios de esa precariedad- es una de las realidades más fértiles de la ciudad. Los aficionados tienen un amplio abanico de propuestas en Sala Cero, La Imperdible, La Fundición y el Teatro Quintero, en el centro; en Viento Sur, en Triana, o en TNT, en Macarena Norte... Un panorama que se ha enriquecido con la apertura de iniciativas más íntimas y de corte alternativo, como las de Casala, Teatro a Pelo y Microteatro, o con el interés por la dramaturgia actual que muestra la siempre estimulante programación del Cicus. El partido que gobierne finalmente en Plaza Nueva tiene ante sí el desafío de respaldar a unos profesionales que, según señalan todos los estudios, crean empleo y sacan buen provecho de las inversiones, pero que en los últimos años han ido perdiendo el respaldo de las instituciones. En la reunión que Zoido mantuvo en la campaña electoral con agentes del tejido cultural, Pedro Álvarez-Ossorio propuso la creación de un consejo de artes escénicas que ayudara a mejorar el sector. Podría ser un comienzo.
La cuestión musical
En los registros de música antigua y clásica el gabinete de Sánchez Estrella hizo los deberes: aparte del citado Femás, mantener el apoyo a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, favorecer la estabilidad de la Orquesta Barroca con una subvención nominativa y su temporada regular en el Lope de Vega son logros dignos de reseñar. Pero la Ciudad de la Música -ese título tan untuoso concedido por la Unesco, y con tan raquíticas consecuencias en la práctica- sigue teniendo carencias muy importantes. Saliendo del ámbito de la música institucional, todo es voluntarismo y trabas legales, como la de esa normativa de medio ambiente que, en la práctica, ejerce de medida disuasoria para los (pocos) recintos que ofrecen música en directo. La escasez de buenas salas de concierto, en particular de aforo medio, es una asignatura pendiente desde hace tanto tiempo que es ya, de hecho, una especie de mal endémico. Mucho más importante que los esporádicos eventos masivos en el Estadio de la Cartuja, que, por otro lado, tal como vinieron se esfumaron (Héroes del Silencio, Madonna, U2, Bruce Springsteen, AC/DC...), es la capacidad de respuesta de la ciudad al enorme caudal de talento que acredita ahora mismo la escena local, con una efervescencia sin paragón en los últimas décadas. Además de la mencionada cuestión de las salas -espacios indispensables para la visibilidad y el crecimiento de los artistas-, se antoja crucial una interlocución rigurosa y permanente entre los responsables institucionales y los gestores privados.
Espacios sin definición
Aún reciente la recuperación de la Torre de Don Fadrique para la cultura y la reactivación del Casino de la Exposición -donde tiene su sede la Casa de los Poetas y las Letras, que ha desarrollado una excelente programación con muy pocos medios-, los retos son muchos y variados. Además de los consolidados (teatros Lope de Vega y Alameda, CAS, más recientemente Santa Clara...), y de espacios municipales en decadencia (el Auditorio de la Cartuja, donde hay una programación a salto de mata y sin criterio reconocible debido a la pujanza del nuevo auditorio de Fibes) o directamente abandonados (Palenque), hay un considerable patrimonio en esta materia cuyo uso está pendiente todavía de definición. La Fábrica de Artillería, el antiguo edificio de Altadis, las viejas fábricas de Sombreros y de Vidrio y el antiguo cine X de la calle Trajano, un inmueble con valor arquitectónico específico (fue diseñado por Aníbal González), el Parque Empresarial de Arte Sacro inaugurado a bombo y platillo en Nuevo Torneo y hoy con una ocupación paupérrima (poco más del 10%, según los últimos datos disponibles), las Naves de San Jerónimo y el mismo Monasterio de San Jerónimo, un espacio hemosísimo que hace más de una década acogía actividades culturales y en estos momentos languidece, aun rehabilitado, en un extraño limbo... Son muchos los espacios a todas luces desaprovechados en la ciudad, más aún considerando la pujanza de toda una constelación de asociaciones y pequeñas empresas que ha revitalizado, a pesar de las penurias económicas, el pulso cotidiano de la cultura en Sevilla. Pendiente de resolución está también un lugar tan emblemático y relegado como las Atarazanas, y se espera que el Ayuntamiento colabore activamente en la puesta en marcha del que está llamado a ser un espacio de referencia en Sevilla, el Caixaforum de la Torre Pelli. También la Sala Joaquín Turina ha de encontrar un rumbo más definido, lo que pasa en buena parte por dotar de mayor personal al espacio, gestionado ahora por el ICAS tras la devolución del inmueble por Cajasol.
Otra patata caliente la representa La Carpa: su principal objetivo ahora (rehabilitar y convertir en su sede el antiguo Pabellón del Siglo XV) está en manos de la Junta, pero anteriormente se encontraba en un espacio municipal del que este proyecto colectivo fue desalojado tras la repentina cancelación del convenio de cesión del mismo, por lo que el canal de diálogo y colaboración deberá estar abierto, toda vez que su fuerza ha ido creciendo y aglutina una parte muy significativa del tejido cultural privado de perfil más contemporáneo de Sevilla.
De Zurbarán a Murillo
Gracias a la presencia en el equipo municipal del historiador Benito Navarrete, el Consistorio no sólo reordenó y documentó sus colecciones municipales dentro de la marca Patrimonium Hispalense -inscrita por la Junta en el registro de museos de Andalucía- sino que se abordaron exposiciones propias con una ambición presupuestaria y teórica equiparables a la que años atrás asumieron instituciones como la Consejería de Cultura. Santas de Zurbarán o Colección Abelló, por citar dos de ellas, tal vez no atrajeron a los turistas que Zoido calculaba pero marcaron el camino de lo que puede ser Murillo 2017, un proyecto que tiene en Navarrete a su mayor ideólogo y ante el que el partido que acabe moviendo los hilos en Plaza Nueva no debería cerrar los ojos.
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