Cuando el duende se hace presente

Ricardo Castillejo

22 de febrero 2012 - 05:00

Solista: Rosario Flores. Director Musical y Bajo: Fernando Illan. Guitarra eléctrica: Dayan Abad. Guitarra española: José Luis Ordóñez, "Josete". Batería: Diego Illan. Percusión: Ramón González "El León". Coro: Mayte Pizarro. Fecha: Martes 21 de Febrero. Aforo: Lleno.

Vibrante, apasionada, eléctrica, excesiva... Posiblemente faltan los adjetivos que califiquen el talento de Rosario Flores porque, posiblemente, ella en sí misma sea inclasificable. ¿Flamenca? ¿Rockera? ¿Popera? Auténtica. Ahí no existe ninguna duda. Y artista. Algo que tampoco puede cuestionarse de alguien que, nada más salir al escenario, consigue que entre el público nazca esa magia que, en ocasiones, aparece de forma puntual en este tipo de eventos pero que casi nunca permanece. Así sucedió ayer en el Lope de Vega de principio a fin de una puesta en escena que giró en torno a los temas del más reciente trabajo de la hija de Lola Flores, Raskatriski, pero que no olvidó imprescindibles de su trayectoria como De ley o Cómo quieres junto a grandes versiones de otros importantes intérpretes -véase Algo contigo o Te quiero, te quiero- que ella ha adaptado a su peculiar estilo.

Muy gestual en su forma de expresarse, esta mujer que va camino de los cincuenta -cuarenta y ocho para ser exactos-, es un racial torbellino que se mueve a sus anchas en los terrenos de esa rumba catalana que, según dicen, creó su padre, El Pescaílla, pero que tampoco se achica ante un fantástico blues como fue Quiero cantar tras el que los asistentes -entre los que se encontraba Cayetano Martínez de Irujo- se levantaron de sus asientos pidiendo más, y más... y más. Como sorpresa, la pequeña Toñi, nieta de Raimundo Amador, la cual, a sus ocho añitos, compartió ese himno que es No dudaría, compuesto por el recordado Antonio Flores, gran talismán en los comienzos de la carrera de su hermana. Protegida ésta por los tres ángeles mencionados -La Faraona, su marido y su varón-, Rosario prometió regresar y estar mucho más tiempo con nosotros. "Me veréis más arrugadita y muy canija pero seguiré viniendo a cantaros, lo que más me gusta en el mundo". Un propósito que ojalá se cumpla pues, el duende, siempre es bienvenido.

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