El gran poeta Quico Rivas

55 jaiqús | Huerga y Fierro Editores

El libro 'El poeta sordo [55 jaiqús]', ilustrado por 55 destacados pintores, revela el talento literario del artista, comisario y figura decisiva de la contracultura española

Detalle de la obra de Manuel Salinas que ilustra uno de los poemas.
Detalle de la obra de Manuel Salinas que ilustra uno de los poemas.
Charo Ramos

05 de enero 2021 - 06:01

El volumen es una joya bibliográfica que publica el sello Huerga y Fierro y que demuestra, por todas las complicidades que reúne, desde artistas visuales a escritores y editores, "hasta qué punto sería posible articular alrededor de la figura de Quico Rivas una historia alternativa de la cultura española contemporánea", como suscriben su hija Eva Rivas, el editor José Luis Gallero y el artista Pablo Sycet, los tres responsables de El poeta sordo [55 jaiqús] de Quico Rivas. La obra nos acerca, con cariño y delicadeza, una serie de textos inéditos del artista, comisario y escritor nacido como Francisco Rivas Romero-Valdespino (1953-2008). Son poemas que no se ajustan, y así lo delata su heterodoxa grafía, a la fórmula canónica del haiku tradicional japonés (tres versos de 5, 7 y 5 sílabas). La obra es un primer paso en la difusión de la obra poética de Rivas, "labor obstruida muchas veces por su propio pudor autocrítico, por su vergüenza", según recuerda su hija, a la que le obsesiona dar "los pasos adecuados con el material inédito" que legó.

Ilustración del pintor Gonzalo Chillida.
Ilustración del pintor Gonzalo Chillida.

Lo primero que hicieron ella, Sycet y Gallero fue invitar a los artistas elegidos a colaborar con una obra original y vertical de 21x15 cm, con técnica libre y, si fuera posible, referida al jaiqú asignado. "Lo bonito era que lo ilustraran ex profeso, sólo en los casos de los artistas que ya no vivían, como Luis Claramunt, elegimos una obra existente", detalla Eva. En el proceso de creación de El poeta sordo desaparecieron además otros grandes amigos que pudieron depositarle aquí su cariño, como el pintor Gonzalo Chillida (hermano del escultor) o Ceesepe.

Cubierta de la obra.
Cubierta de la obra.

Para su hija, "Quico Rivas es una de las personas más complejas y con la producción más rica y variada que ha dado el paisaje cultural de este país en las últimas décadas. Era un curioso insaciable que se arrimó a distintas generaciones y movimientos culturales: crítico de arte, comisario, editor, escritor, poeta, artista plástico, militante político y agitador, melómano… Era 'un fabricante de encuentros y situaciones', como le describía Diego Carrasco".

Al renombrarlos "jaiqús" Quico quiso jugar con la "q" de su nombre y enfatizar que estas composiciones breves no siguen la regla de los tres versos fijada por Matsuo Basho en el siglo XVII. "Escribía los haikus a su manera, no sabría decirte qué poetas solía leer pero sí te aseguro que desde que era niño devoraba todo libro que pasaba por sus manos. Mi abuelo un día ya cansado de que le preguntara todo el día '¿Qué leo, que leo?', le soltó La Ilíada para ver si se callaba y el niño se puso tan contento. Tendría unos 7 años, así que entiendo que Rimbaud, Baudalaire y tantos otros también se cruzaron a tiempo en su vida", considera Eva.

La contribución al libro de Carlos García-Alix.
La contribución al libro de Carlos García-Alix.

En su introducción al libro, Ray Loriga evoca el día en que conoció a Quico Rivas, "no había visto un tipo más peculiar en mi vida", a quien rápidamente dio un cameo en su primera novela, "trasmutado en un príncipe que se niega a abandonar su disfraz de rana". Loriga reivindica su escritura, "imposible y necesaria", y "la inteligencia y el talento" que vertía en ella y en su conversación.

Ray Loriga reivindica "la inteligencia y el talento de su escritura necesaria" y de su conversación

Para su hija este poemario ilustrado es, ante todo, "un libro de amor, aunque suene cursi. Todo el proceso, aunque largo, pues ha durado cinco años, ha sido fluido y fácil ya que todos los que colaboramos hemos dado lo mejor". Quico Rivas tenía 55 años cuando murió y por eso los editores seleccionaron 55 jaiqús y 55 artistas para ilustrarlos. "Quico era como una especie de araña que iba tejiendo una red de amigos y conocidos muy amplia, tenía el don de conectar a unos y a otros, y de sacar lo mejor de uno mismo, por eso no dudaron en participar cariñosamente", precisa Eva Rivas sobre una lista apabullante que provoca admiración, y donde no faltan Alfonso Albacete, Chema Cobo, José Manuel Broto, José María Sicilia, Jordi Teixidor, Miguel Ángel Campano, Fede Guzmán, Carmen Laffón, Eva Lootz, Antoni Muntadas, Albert Oehlen, Guillermo Pérez Villalta... y un largo etcétera, incluyendo la otra mitad del Equipo Múltiple que firmó con él Juan Manuel Bonet.

Guillermo Pérez Villalta  Pérez Villalta ilustra el 'Jaiqú del bar Edén'.
Guillermo Pérez Villalta Pérez Villalta ilustra el 'Jaiqú del bar Edén'.

"Como si alguien me bordara/ con hilo de seda el corazón./ Las tijeras preguntan tu nombre". Este Jaiqú con tijeras, que en el libro ilustra la artista Cristina Huarte, es uno de los favoritos de Ray Loriga y Eva Rivas. Ella añade el Jaiqú de la importancia, que ilustra Darío Álvarez Basso y Quico le dedicó a Gallero: "Mi nombre es nadie./ Soy el novio de nada./ Todo me sabe a gloria".

Prácticamente toda la obra lírica de Quico Rivas, la más desconocida de sus facetas, permanecía inédita cuando murió. "En su día, él había mostrado el material a José Luis Gallero y proyectaron realizar algún tipo de publicación que nunca se llevó a cabo. Para Quico era difícil terminar los proyectos pero estoy intuitivamente convencida de que la poesía era una de sus aficiones favoritas. Aparte de jaiqús, tiene muchos poemas y un epitafio soberbio escrito en 1991", avanza Eva Rivas.

Jaiqú del bar Edén

"Varada en el toldo amarillo

una caravana de camellos azules

y ese sabor amargo

a tristeza y libertad"

La idea inicial de Gallero, Sycet y su hija era presentar el libro, que incluye un epílogo de Koldo Artieda, junto a las obras originales "en la sala de exposiciones de alguna institución de prestigio, en la que luego quedaría depositada toda la colección de manera que permaneciera unida y vinculada a los jaiqús de Quico. Todos los artistas estaban dispuestos a donarla pero no fue posible", añade Eva Rivas. Ella aspira, ahora, a dar forma al siguiente libro de inéditos, que estará dedicado a los sueños -"un tema que a Quico le apasionaba"-, y de nuevo junto a Gallero, "que ha sido mi compañero fiel en las publicaciones de mi padre".

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