'Los hermanos Sisters' | Estreno Audiard lleva el 'western' a los terrenos del cuento

  • El director francés reúne a sicarios y humanistas en 'Los hermanos Sisters', su película más luminosa

Joaquin Phoenix interpreta a uno de los dos hermanos. Joaquin Phoenix interpreta a uno de los dos hermanos.

Joaquin Phoenix interpreta a uno de los dos hermanos.

Jacques Audiard, que obtuvo la Palma de Oro por Dheepan y el Gran Premio del Jurado en Cannes por Un profetaregresa este fin de semana a los cines españoles con Los hermanos Sisters, rodada en Almería, Navarra, Huesca y Rumanía. El filme, basado en la novela homónima del canadiense Patrick deWitt, narra la relación entre dos hermanos: Eli (John C. Reilly) y Charlie (Joaquin Phoenix), que en plena fiebre del oro deben atravesar las montañas de Oregón para encontrar al químico fugitivo Hermann Kermit Warm (Riz Ahmed) y al detective John Morris (Jake Gyllenhaal).

Pero en este western atípico no sólo se persigue la riqueza. "Hay un terreno en el que las películas del Oeste no habían indagado, que era el de las ideas utópicas, y nos pareció interesante hacerlo", explica el guionista Thomas Bidegain, que esta semana ha acompañado al director francés en la presentación de la película en Madrid.

El ideal que anhelan Warm y Morris, dos hombres educados y pacíficos, no es otro que el del socialismo, que ya había calado en Europa desde que Marx publicara su Manifiesto. "Los hermanos Sisters es una película sobre el final de un mundo y el comienzo de otro", señala Audiard. "Me sorprende que no haya más westerns que hablen del falansterio de Fourier", confiesa.

Un fotograma de 'Los hermanos Sisters'. Un fotograma de 'Los hermanos Sisters'.

Un fotograma de 'Los hermanos Sisters'.

El cineasta reconoce que los westerns que más le interesan son los de los años 70. "El tesoro de Sierra Madre y El salario del miedo me encantan, y la primera quizá haya estado más presente en el rodaje por el tema del oro y la aventura, pero no creo que me hayan influido a la hora de dirigir".

Ese cruce entre sicarios y humanistas es el punto de partida de la película. Una vez más, el realizador parisino subvierte un género y va más allá, reflexionando sobre la posibilidad de un futuro despojado de violencia y ambición donde el oro sólo se ve como medio y no como fin. "La noción de la utopía, que no estaba en el libro, cambia bastante el sentido de la historia, porque ya no se trata tanto del dinero sino de hombres que persiguen a alguien que tiene una idea", apunta el guionista.

Las relaciones amistosas y fraternales impregnan toda la cinta. Ya no estamos ante los vaqueros lacónicos de John Ford; aquí los protagonistas hablan sin parar sobre lo que sienten y lo que esperan del futuro, tejiendo diálogos profundos y ofreciendo reflexiones de corte existencialista. "Tengo 35 años y mi vida carece de sentido", lamenta Morris al conocer a Warm. Y mientras se cuestionan su pasado y su presente, estos pistoleros y soñadores van adoptando cualidades de sus antagonistas. "No son personajes maniqueos", apunta Audiard, y su colega, que ejerce también de intérprete, apostilla: "Empiezan como figuras arquetípicas de un western: los dos asesinos, el químico, el detective… Y poco a poco van tomando todos esos elementos y dejan de ser figuras para convertirse en personajes. Al final serán personas invadidas por la melancolía y preocupadas por la higiene, igual que nosotros".

Para Audiard, la cinta narra la historia del final de un mundo y el comienzo de otro

Por eso no choca que, en esta lucha entre el progreso y el mundo salvaje, un sicario aspire a retirarse y montar una tienda y un hombre culto reconozca que nunca se ha sentido tan libre como cuando se ha alejado de la civilización. "Era un sueño común en aquella época, y parte de una idea de Rousseau de encontrar un mundo nuevo en la naturaleza", explica el realizador.

Una de las características que emparenta a los protagonistas de Los hermanos Sisters y que se repite en el cine de Audiard es el enfrentamiento con el padre. "Lo que me interesa, más que el conflicto en sí, es la herencia que nos dejan nuestros antepasados. ¿Es una fatalidad o es algo que podemos cambiar? El precio que hay que pagar por ese cambio es lo que vertebra la película", señala el director.

El alegato contra la codicia estaría, pues, en un segundo plano. "Lo importante es la transformación de los personajes y de las relaciones entre ellos", indica. Así, los cambios que se dan en la sociedad corren en paralelo a los que se operan dentro de estos cuatro hombres del lejano Oeste cuyas vidas convergen en California. Y, pese a la brutalidad constante que inunda la pantalla, la empatía es posible gracias a la humanidad que se desprende de sus acciones. "Detalles como el cariño que siente Eli por su caballo, el chal rojo que dobla cuidadosamente o las lágrimas de la prostituta van a ir cobrando importancia en la narración hasta modificar la percepción que el público tiene de ellos", afirman.

Jacques Audiard, en la pasada Mostra de Venecia. Jacques Audiard, en la pasada Mostra de Venecia.

Jacques Audiard, en la pasada Mostra de Venecia. / Claudio Onorati (Efe)

Si bien la violencia es una de las señas de identidad de Audiard, aquí queda diluida gracias al punto de vista. "Concebí la película como un cuento que empieza en mitad de la noche y acaba con una tela agitada por el viento. Es una historia protagonizada por dos hermanos que se resisten a crecer, de ahí que tengamos la impresión de verla a través de los ojos de un niño. Eso le resta dramatismo, porque parece que estamos presenciando un juego". Charlie y Eli se pelean y se protegen mutuamente, como en aquellas películas de Jean-Pierre Melville que exaltaban la amistad entre hombres y que tanto parecen haber marcado al cineasta. Y esta mirada infantil, inocente sin serlo, es lo que permite al espectador sortear el malestar ante todos los asesinatos, amputaciones, incendios y enfermedades. "Nuestro referente ha sido La noche del cazador, de Charles Laughton, que tiene la estructura de un cuento dramático y narra la historia de dos hermanos pequeños que huyen del peligro río abajo", indica el realizador. "Pero en el tema de la picaresca, Los hermanos Sisters recuerda más a Pequeño gran hombre, de Arthur Penn".

El octavo largometraje del francés, que se alzó con el premio al mejor director en la Mostra de Venecia, es su proyecto más vitalista. Los tintes de comedia ayudan a aligerar la trama, dotándola de un optimismo poco visto en sus filmes anteriores. Y aun así hay multitud de escenas rodadas de noche. "Queríamos empezar la película en la oscuridad para que sólo se viera el fuego de los disparos. La penumbra también nos permitía mostrar una boca abierta en la que entra una araña, o transformar un caballo en un animal del Apocalipsis, o ver un río iluminarse de madrugada", explica Audiard. "Al fin y al cabo, hacer cine es encontrar la manera de contar una historia, ya sea un drama, una comedia o una película del oeste. Se trata de comunicar una idea. Por eso, la escena de un río iluminado tendrá un significado diferente para cada espectador".

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