22:10. Clic, clic, clic. Pulso cadenciosamente en el teclado la tecla de 'borrar'. Clic, clic, clic. El día ha venido mohíno, tristón, cargante... Deprimente. Clic, clic, clic. Tengo la cabeza como el tambor de una lavadora vieja, con un ruido insufrible y a punto de salir volando. Clic, clic, clic. Voy eliminando lo escrito durante la tarde porque no eran ocurrencias ni chanzas simpáticas. Clic, clic, clic. Además, lo mismo acababa en el mismo sitio que Alfonso Ussía. Clic, clic, clic. Y yo no soy nieto de Pedro Muñoz Seca. Clic, clic, clic. Aunque mi abuelo salmantino (Peñaranda de Bracamonte) también era un sabio y siempre repetía: "Todo el mundo va a lo suyo menos yo... que voy a lo mío". Clic, clic, clic. Prueben a eliminar poco a poco un texto de casi tres mil caracteres con espacios a paso de tortuga. Clic, clic, clic. Te lleva un rato, aunque aclaro que el pescado está vendido y ya están hechas las páginas. Clic, clic, clic. Admito que he telefoneado a dos colegas para que elijan la onomatopeya para definir el pulsar una misma tecla dos mil y pico veces. Clic, clic, clic. Uno opta por clac, el otro por cloc. Me decido por clic, que está más de en boga en los últimos tiempos. Clic, clic, clic.

22:27. Clic, clic, clic. De un párrafo a otro, cigarrito, como entre plato y plato en las bodas. Clic, clic, clic. Llamo a mi padre, todo en orden. No news is good news con el virus ése sobrevolando el planeta. Clic, clic, clic. Estoy tan lánguido que me doy cuenta de que en vez de copiar y pegar la gracieta del clic, clic, clic, lo escribo cada vez que lo pongo. Clic, clic, clic (ooootra veeeez). Llevan días apagadas las pantallas de televisión diseminadas por la redacción. ¡Menos mal, qué paz! Clic, clic, clic. Hablando de ruidos, echo en falta los bocinazos de Barea, las tertulias del Barça de Peñas y hasta los estornudos de algunos maleducados. Clic, clic, clic.

22:39. Clic, clic, clic. Estoy tan frito que casi me echo líquido desinfectante en la botella de agua que relleno cada rato. Clic, clic, clic. Subo a por un botellín y bajo sin abrirlo; como estudié en colegio de pago, no sé abrirlo con el mechero. Clic, clic, clic. Ya que subo, me traigo otro más. Clic, clic, clic. Por el camino me acuerdo de un par de personajes de pelis de periodistas: el sanguijuela de Kirk Douglas (DEP) en El gran carnaval y el cabrón adorable de Walter Matthau en Primera plana. Clic, clic, clic. Billy Wilder conocía el paño. Clic, clic, clic. Esos dos no eran de descansar, estaban todo el día maquinando, al pie del cañón. Clic, clic, clic. Pues, lo siento, pero me toca librar mañana y unos cuantos días más. Clic, clic, clic. Ya veremos si el lunes vuelvo por estos lares de la soledad redaccional o teletrabajo, ese neologismo que da dentera. To be (or not to be) continued...

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