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Dios en Torreblanca

Mañana Jesús Cautivo llegará a la Catedral de Sevilla en el Vía Crucis de las Cofradías

El Sábado de Pasión de 1995 empezó un nuevo tiempo en Torreblanca. Se abrieron las puertas de la parroquia de San Antonio de Padua. Por vez primera, salieron a las calles de la barriada los nazarenos de Jesús Cautivo y la Virgen de los Dolores. Los sevillanos que se desplazaron desde otros lugares de la ciudad a Torreblanca se encontraron con estampas insólitas. Era otra Semana Santa, muy alejada de los clichés y estereotipos. En Torreblanca se han visto hasta gallinas en alguna calle, mientras pasaban los pasos. Pero también se ha visto el respeto y el amor de un barrio. Aquella cofradía surgió como un milagro.

Un año antes, en 1994, el entonces arzobispo, Carlos Amigo Vallejo, aprobó las reglas de penitencia. El Consejo, que presidía Antonio Ríos Ramos, dio luz verde. Por primera vez salía una cofradía (tan cofradía como las demás) que no hacía estación a la Catedral con sus nazarenos. Aunque no era la primera vez que se veían túnicas antes del Domingo de Ramos, porque ya las vistieron los hermanos de la Sed cuando salían por Nervión el Viernes de Dolores (con antifaz y sin capirotes).

En Torreblanca inauguraron las vísperas y las cofradías de plenos derechos que no llegaban a la Catedral. Pero, ante todo, en Torreblanca se inauguró otro modo de hacer las cosas. Ni mejor, ni peor, sino diferente. Una cofradía que no necesitaba pasar por sillas y palcos, sino mostrar la verdad de su Cristo Cautivo y los Dolores de la Virgen a su gente. Una cofradía volcada plenamente en su barrio, que no necesitaba para nada ir más allá, pues su misión pastoral y su labor de ayuda social se volcaba más acá. Una cofradía con túnicas y capirotes, pero que participaba en la Semana Santa desde la realidad radical de la Pasión.

Así se asomaba Dios a las calles de Torreblanca. Donde siempre podrían encontrarlo en el sufrimiento de los más marginados. Así llegaba Dios no sólo a los cultos, a los rezos en la parroquia de San Antonio de Padua, sino a buscar a los más necesitados, puerta a puerta, en sus casas. Dios asomado a calles feas, jamás cantadas por los poetas, jamás pregonadas, jamás visitadas por miles de sevillanos. Dios entre la mirada del drogadicto, del preso con permiso, de la mujer maltratada, del pobre sin esperanza… Dios también entre la otra gente de Torreblanca, donde el esfuerzo por mejorar es lo más común, más allá de las leyendas urbanas.

Aquella cofradía no llegó a la Catedral, ni falta que le hacía. Aquella cofradía creció, plantó sus verdades en el barrio. Mañana, por fin, Jesús Cautivo llegará a la Catedral de Sevilla. En el Vía Crucis de las Cofradías, nos recordará que Dios también existe en Torreblanca.

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