Análisis

Juan Pinto

La esencia del balompié: el albero y el Mikasa

El fútbol actual, donde prima el negocio antes que el aficionado, cada día es menos fútbol

El fútbol actual, tanto a nivel profesional como en escalafones inferiores, invita en estos tiempos a varias reflexiones. Empezando por abajo, no deja de ser una sorpresa escuchar protestas de todo tipo de esos padres que acuden cada fin de semana a ver jugar a su chaval: al árbitro, al entrenador rival, al suyo propio porque su hijo no juega...

Pero lo último ya son las quejas sobre si el césped artificial tiene que ser de segunda o tercera generación y que tiene que estar impecable siempre. ¡Cómo ha cambiado el fútbol!¡ Qué poco valor se le da hoy en día a jugar en esos campos de hierba artificial que existen en tantos sitios! ¡Afortunados esos niños! Ay, esas quejas de los mayores...

Invitaría a éstos a que echaran la mirada atrás. Menos mal que los que aman el fútbol de verdad saben lo que es jugar en albero, reventarse las rodillas y las manos tras caer al suelo con una entrada del rival, tener el muslo dormido con un pelotazo de un Mikasa que si encima estaba empapado de agua pesaba como un ladrillo. Eso era fútbol auténtico.

También, y esto ya es cuestión de gusto futbolístico, recientemente escuchaba en un entrenamiento de un equipo cadete sevillano darle las siguientes instrucciones a uno de sus futbolistas: "¡Encara, uno contra uno y le pegas a puerta! Verticalidad al fútbol!". Agradable sorpresa escuchar eso. Parece ya extraño oír eso en categorías inferiores, donde lo que más se suele escuchar es "¡toca, toca, toca...". Y eso provoca que muchos chavales con calidad para regatear, pisar el balón o encarar, vean su talento encorsetado por la idea del entrenador de turno de imitar el estilo de Guardiola.

Y del fútbol profesional, una conclusión: cada día se cuida menos al aficionado, primando el negocio. Por eso, para los amantes del balompié auténtico, siempre quedará en la retina dos cosas: el albero y el Mikasa...

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