Análisis

francisco andrés gallardo

El doble rasero de Mamen Mendizábal

'Más vale tarde', en La Sexta, mostró una simpatía por Pablo Hasel vergonzosa

Se puede ser un violento, un bocazas y un provocador de odio como Pablo Hasel, envuelto en la cáscara de artistilla alternativo, que si tienes la vitola de ser de izquierdas (lo que sea ser eso en estos tiempos), adalid de las libertades y, por tanto, modelo de comportamiento, La Sexta te tratará con minutos de terciopelo y carantoñas de animación.

Si simpatizas con la derecha (o lo que sea eso) y tienes ideas un tanto conservadoras, qué sé yo, piadosas, o simplemente ponderadas, te puede caer el desprecio y el gesto torcido de Mamen Mendizábal. Más vale tarde es uno de los grandes programas antipáticos de la parrilla (sin Mendizábal no lo es tanto) porque sus informaciones van impregnadas de doctrina y todo lo que sea darle a la derecha lo ejecutan con un entusiasmo polarizado.

Sí, hay otros espacios parecidos en La Sexta y La 1, y la réplica está en Trece, por ejemplo, pero Mamen nunca disimula simpatías y, sobre todo, sus fobias partidistas.

Hasel, de ascendencia ilerdense fascista, antes de entrar en el trullo por las bravas, por sus agresiones e injurias, hizo una cariacontecida gira por todos los micrófonos posibles para poner su jeta falsa de tipo sereno. Ahí encontró en Más vale tarde el arrullo y comprensión de Mendizábal, una actitud bien distante cuando la periodista huele, por ejemplo, algún asunto eclesiástico, que es una de sus temáticas donde derrocha más bilis y fervor.

Si la de Más vale tarde hubiera mostrado la suavidad en otras tardes como con el indeseable de Hasel incluso hasta tendría más audiencia con los masajes de Palo y astilla, que son para verlos con una pinza en la nariz por empalagosos. Las simpatías y empatía hacia un recluso como Hasel muestran su miopía y un tic sectario lamentable.

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