Se les acusa de rebelión, terrorismo y tenencia de explosivos. Palabras mayores. Ya no se trata de niñatos que juegan al independentismo, como pretenden hacer algunos defensores de los CDR, a los que pertenecen, por cierto, la mujer y los hijos de Quim Torra, nada menos que el presidente de la Generalitat.

Terrorismo. Tenencia de productos -entre ellos ácido sulfúrico- con los que crear explosivos. Se preparaban para "actuar" el 1 de octubre, y los días previos a la sentencia del procés. La Guardia Civil detuvo a nueve miembros de los CDR y continúa una operación en la que las fuerzas de seguridad estaban empeñadas hacía tiempo porque saben mejor que nadie que son personas que han traspasado hace tiempo la barrera de la delincuencia aunque ningún detenido contaba con antecedentes penales.

No se sabe qué más necesitan los simpatizantes de los independentistas para comprender, de una vez por todas, que no se trata de un problema entre constitucionalistas y no constitucionalistas, sino que un sector importante del secesionismo ha cruzado las líneas que ninguna persona bien intencionada puede cruzar.

Hacía tiempo que las fuerzas de seguridad del Estado -incluidos los Mossos- alertaban sobre las actividades de los CDR. Era difícil que esas alertas encontraran eco cuando son tantos los jóvenes que entran en esos grupos callejeros violentos directamente desde colegios y universidades, donde se les induce a luchar contra lo español.

A ver quién sigue defendiendo el espíritu idealista y pacífico de esos energúmenos... Las ideas políticas no se defienden a golpes y mucho menos con artefactos explosivos. Bastante ha sufrido España las consecuencias del terrorismo como para mirar hacia otro lado. La operación contra los CDR es todo un aviso a quienes no daban importancia a ese movimiento de jóvenes y mayores y los consideraban grupos que sólo querían desfogar en la calle.

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