Análisis

PAscual González

El Pilatos de la Calzá

Según el evangelio hispalense, Poncio Pilatos, con "S", llegó al arrabal extramuros de la calle Oriente, en el momento justo de levantar su pretorio a orilla de la vieja calzada romana. Del Pilato, sin "S", de Roma se sabe poco más de que fue Quinto Prefecto de Judea y responsable de la pasión y muerte de Jesús de Nazaret.

El Pilatos, con "S", aun dubitativo, temeroso y pasivo gobernador, nació en Sevilla, en el número 52 de la calle San Vicente, donde el escultor Antonio Castillo Lastrucci le dio vida para encargarle la gran misión de presentar al mejor de los nacidos en el templo donde María de Valvanera es Patrona, y en su misterio doloroso de Encarnación es la Reina que alumbra al Dios Hombre, Cautivo y Presentado al Pueblo, a la sombra de los Caños de Carmona.

Un Pilatos, que dio la cara en Sevilla en 1928 y que desde entonces fue cogiendo fuerza de barrio, con legiones de nazarenos, parroquianos y vecinos de la Calzá, desde el primer adoquín del puente, al filo de las Madejas, hasta el humilladero de la Cruz del Campo, orgullosos de sacar pecho diciendo "yo soy pilatero".

El Pilato, sin "S", de Roma, no conoció la vieja Híspalis ni disfrutó de la belleza y el sosiego de Itálica. El Pilatos de Sevilla conoce y goza de la ciudad donde vive, sabe que Barrabás no existe en nuestra doctrina y que Cristo vive eternamente en nuestros corazones a través de la enseñanza de nuestros mayores, auténtico Dogma de Fe popular por el que seguimos los pasos de Nuestro Señor, día tras día, todos los días del año, para que nos lo siga presentando cada Martes Santo, entre los gritos fervorosos del gentío que abarrota la ciudadela de la Calzá, cuando Pilatos grita: "¡He aquí al Hombre!" y todos lloramos, rezamos, latimos y cantamos "¡Padre nuestro que estás en el Cielo, Jesús en la Tierra!".

Pura evangelización de cristianos derrochando amor… Y es que el Pilatos de la Calzá se amoldó a nuestras costumbres, al son de tambores pretorianos de Sangre y Encarnación, y sobre todo a una voz que grita en la delantera del misterio "¡Arriba, el hijo de Dios!". Levantá con denominación de origen… Por los siglos de los siglos.

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