Análisis

Jesús Alba

Ponerle puertas al campo... y al virus

Algunas medidas suenan a ir con florete a atacar a un enemigo armado con cañones

Jugadores del Gremio de Porto Alegre protestaron con mascarillas en marzo para forzar la suspensión de la Liga en Brasil. Jugadores del Gremio de Porto Alegre protestaron con mascarillas en marzo para forzar la suspensión de la Liga en Brasil.

Jugadores del Gremio de Porto Alegre protestaron con mascarillas en marzo para forzar la suspensión de la Liga en Brasil. / Everton Pereira / EFE

Quizá es que ya es inevitable. Si hoy se ponen en marcha los bares, puede que frenar la vuelta del fútbol sea como ponerle puertas al campo. O al virus... Pero sí que hay cosas que no se entienden bien del todo. Cuando aún Sanidad está estudiando cómo vamos a poder ir a la playa, si en corraletas o esperando turno como en la carnicería, con el fútbol un puñado de normas como prohibir a los jugadores escupir al césped y dejar las gradas vacías piensan que va a bastar. Y no es así. ¿No será que la industria que mueve es tan potente que dan relativamente igual los contagios?

Con Tebas deseando soltar a los galgos tras la liebre, en Sevilla ya tenemos el lío montado con positivos en uno de los dos equipos cuando lo primero que hay que jugar es un derbi. Por cierto, de sombrerazo la naturalidad con la que los afectados han confirmado la noticia con la de sombras y fantasmas que surgieron tras los primeros rumores. No tengo ni idea de cómo va a evolucionar la crisis en la que estamos y, si ni los expertos que asesoran al Gobierno lo saben, ¿cómo vamos a saber que dentro de un mes dos futbolistas van a poder forcejear en un duelo en carrera de los muchos que se dan en un partido? Este deporte no tiene nada que ver con el tenis, ni se parece al que ahora mismo están entrenando cientos de jugadores profesionales en Primera y Segunda.

Tengo mis dudas de que se vuelva a jugar y no digamos ya esos play off del fútbol no profesional en el que preveo hasta falsos positivos para intentar salvaguardar el puesto actual y evitar la ruleta de un duelo a partido único forzando a decretar ascensos directos.

Aun con test previos, si hay virus, hay virus, y en un partido se saca muchísimo más de banda que se escupe. Un futbolista tiene manos y brazos mojados de sudor desde el calentamiento, el balón se cabecea, la mano va a la frente a secarse el sudor... y el protocolo ya para entonces será papel mojado. Ciertas medidas suenan a ponerle puertas al campo... y al virus.

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