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La pasada semana Mateo Sánchez (@mateosanchezTV), usuario de Twitter, compartía unas bellas imágenes de la prejubilación de su padre. Bonifacio Sánchez, profesor de profesión, decía adiós a sus alumnos apostados en los pasillos del colegio en el que estuvo años ejerciendo. Mientras avanzaba entre los chicos, chocando sus manos, éstos coreaban su nombre entre palmas: "¡Seeeñor Sánchez!". Un vídeo realmente emotivo en el que se pone de manifiesto el hecho de que si haces bien tu trabajo aquellos con los que has compartido tu tiempo te lo agradecen. No solo eso, también acaba de lleno con la idea extendida de que el sistema educativo se desmorona, que los niños ya no sienten ni respeto ni admiración por sus maestros, que estamos ante una crisis de valores infantiles y tantas otras realidades que afortunadamente no son del todo ciertas. O al menos, no en todos los colegios.

Hasta aquí todo bien en un vídeo que invito a los lectores a que visionen detenidamente. Digo hasta aquí, porque como siempre en este país, ante una realidad emotiva y que intenta resaltar un aspecto positivo de nuestro día a día, se antepone el odio, la rabia, la ideología y el sinsentido. Entre los comentarios a tan honorable tuit, varios usuarios hacen alusión a la segregación de sexos de la escuela mezclando, una vez más, las churras con las merinas y aludiendo al fascismo por ello.

Y a mí, que antaño me encantaba discutir de política, cada vez me da más asco la contaminación. Tanto que causas que creo y que considero que son necesarias se vuelven tóxicas y malignas según quién las tome o qué argumentos se esgriman. Auguraba Francis Fukuyama el fin de las ideologías y tal vez tenga razón. No. No tenemos ideologías, no tenemos pensamiento crítico, no tenemos oratoria racional. Lo que tenemos es odio, repulsa y venganza ilógica hacia lo que no es como nosotros.

Es desesperanzador ver que lo único que copa toda la sociedad en nuestros días sea el sentimiento de superioridad. Aquel que nos llevó al cainismo en el 36, aquel que nos impide sentarnos a hablar hace 7 meses, aquel que enturbia gestos tan bonitos como el ofrecido al señor Sánchez, profesor que abraza su jubilación, con viejas rencillas que sacan lo peor de cada uno. "Si pudiéramos por un momento dejar de lado la ideología, el odio, el rencor y simplemente ver la realidad: un gran maestro emocionado al que despiden sus alumnos con cariño. Es triste ver cómo se busca dañar incluso ante una gesto bonito. Así nos va…", concluía otro usuario ante el aluvión de críticas que se han generado a la publicación. Un rayo de luz y lucidez entre tan inmensa oscuridad.

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