Eduardo Florido

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El academicismo agota el modelo de Lopetegui

Hay una frase que delata la idea de Julen: "Ganamos muchos partidos por 1-0 ó 0-1"

Ocampos se lamenta en el área del Alavés tras una estéril llegada del Sevilla.

Ocampos se lamenta en el área del Alavés tras una estéril llegada del Sevilla. / Antonio Pizarro

Quizá si Monchi, en un trabajo sobrehumano que habría implicado dominar el tiempo como pretendió en su novela H. G. Wells, hubiese fichado a Santillana, Zamorano o Luis Fabiano, tres de los mejores cabeceadores que han visto estos ojos, obtendría respuesta Julen Lopetegui a su modelo de centros y centros sin rematador. O no. Lo que sí desveló cándidamente el técnico guipuzcoano, motu proprio, es cuál es la premisa principal de su filosofía: no encajar gol. Una frase reiterada en su comparecencia lo delató: "Ganamos muchos partidos por 1-0 ó 0-1 por no equivocarnos".

Erró Lopetegui al centrar su análisis en el fallo defensivo -ay, la manía de defender en zona- en una falta aislada. Y erró porque el fútbol tiene mucho de azar y el gol puede llegar de la forma más inesperada, como en ese penalti por unas manos inocuas que las reglas modernas han consagrado y que lanzó Ocampos con la sutileza con la que lo hubiera hecho Kanouté.

El problema de este Sevilla que cayó al cuarto puesto porque el Getafe ha marcado más goles que su muy cara plantilla es que el modelo academicista de la seguridad empieza a agotarse... y a aburrir al personal, que cuando acude al estadio no entiende de la necesidad de asegurar la Champions, sino que quiere ver goles y espectáculo. Si es sin encajar gol, y sin dormirse, mejor, pero la premisa no puede ser ésa ante un voluntarioso y limitado Alavés que sí tuvo el reflejo de darle al partido lo que pedía.

El Sevilla de Lopetegui ha demostrado demasiadas veces que le cuesta un mundo no ya hacer, sino llegar al gol. Al principio, era comprensible que ante una plantilla nueva el entrenador tirase del manual de la seguridad para cimentar el equipo desde atrás. Pero dominar los partidos con el dogma de que los jugadores no se olviden de cuál es su posición en el campo está agotando esa línea academicista. En el fútbol hay que sorprender, como hizo Ocampos al optar por la sutileza en vez de la fuerza.

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