Análisis

Inés Herrero Chacón

Catedrática en Organización de Empresas. Miembro del Inn-Lab (Innovación, Emprendimiento y Empresa Familiar), Universidad Pablo de Olavide

¿Son las empresas familiares más resistentes en épocas de crisis?

Congreso del Instituto de Empresa Familiar el pasado octubre

Congreso del Instituto de Empresa Familiar el pasado octubre

En medio de estas turbulencias de la economía que nos ha tocado vivir –crisis económica, pandemia, crisis de suministros, guerra a los pies de Europa, huelga de transporte– los gobiernos europeos se afanan por trazar planes de recuperación, enfocados en aumentar la resiliencia de las empresas. Resiliencia entendida como capacidad de afrontar los cambios, las turbulencias. En este contexto y bajo planes como el Plan Nacional de Recuperación, Transformación y Resiliencia o el Plan de Digitalización de Pymes, las pequeñas y medianas empresas se encuentran en el punto de mira, puesto que, a pesar de su reducido tamaño, vulnerabilidad y escaso poder de mercado, juntas poseen un gran peso en nuestra economía. Es por ello que los gobiernos realizan esfuerzos para hacerlas menos vulnerables y dotarlas de los recursos necesarios para que puedan resistir a los vaivenes de la economía. Según las estadísticas del Ministerio de Industria, las Pymes (incluyendo autónomos) representan más del 99% en número de empresas y el 65% del empleo, siendo la gran mayoría de ellas familiares (casi un 90%). Pero, ¿son las empresas familiares más resilientes que las no familiares? Con frecuencia se oye que apenas el 10% de las empresas familiares llegan a la tercera generación, pero no nos podemos dejar engañar… las empresas no familiares, de media, no llegan –ni de lejos– al equivalente en tiempo a tres generaciones.Quizás deberíamos haber comenzado este debate con la propia definición de empresa familiar. ¿Qué es una empresa familiar? Porque precisamente lo que las define y caracteriza frente a las no familiares es lo que determina su resiliencia.

Todos creemos saber lo que es una empresa familiar, mis alumnos creen saberlo, pero tras varias preguntas todos dudan y, de hecho, la definición, tras años de literatura al respecto, sigue siendo objeto de debate. Si una empresa es propiedad de una multinacional pero está gestionada por una familia, ¿es una empresa familiar? Si es propiedad de una familia pero está gestionada por directivos externos a esta, ¿es una empresa familiar? Si es propiedad de dos socios pero cada uno de ellos tiene un hijo en la empresa, ¿es una empresa familiar? Si bien existen múltiples definiciones, una gran mayoría coinciden en considerar que una empresa es familiar si existe una familia involucrada en la propiedad, la gestión y el control. Pero numerosos estudios demuestran que realmente no es esto lo que las distingue, lo que las hace ser diferentes. La involucración familiar tan sólo indica el potencial de ser realmente una empresa familiar. Lo importante es que tengan esencia familiar, entendido como aquellas características que las diferencian. En este sentido, hay un concepto clave, que juega un papel fundamental en su comportamiento, que es la riqueza socioemocional (o riqueza no económica). Este concepto es muy amplio e incluye sentimientos y recursos como la identificación familia-empresa. Tanto esa familia emprendedora que comienza la andadura de una nueva empresa a la que dedican su día a día, como esas otras cuyos negocios tienen una trayectoria de varias generaciones, sienten a la empresa como propia, casi como una extensión de la misma familia, sin una línea clara que las distinga. La riqueza socioemocional incluye también el apego al negocio familiar, la confianza entre sus miembros, el compromiso recíproco y los valores compartidos. Esto es lo que las distingue y lo que les confiere esa “marca” de “empresa familiar”. Es más, el interés por preservar su riqueza socioemocional lleva a este tipo de empresas al deseo de sucesión transgeneracional, lo que les confiere una orientación a largo plazo que determina su toma de decisiones y, por ejemplo, les lleva a preferir inversiones a futuro frente a la necesidad de éxito cortoplacista que presentan los directivos de otro tipo de empresas. Esta orientación a largo plazo también las ayuda a ser más resilientes y fuertes en situaciones de crisis como las vividas recientemente.

Pero existen más factores que dotan a las empresas familiares de una mayor resiliencia. Se dice que las empresas familiares poseen tres tipos de capital: el capital humano, el financiero y el social. El capital humano hace referencia a los conocimientos y actitudes de sus recursos humanos. Existe todo un debate sobre si los miembros de la familia son los más adecuados para los posibles puestos directivos en las empresas. Por un lado, el posible nepotismo puede hacer pensar que no lo sean, pero por otro, la involucración familiar en la empresa casi desde el nacimiento, hace que sus miembros posean un conocimiento excepcional sobre aspectos relacionados con el negocio, lo que les provee de unos recursos y un know-how únicos. A esto se añade una actitud, dedicación, altruismo y sensación de estar todos en el mismo barco, que las lleva a ser más fuertes frente a la adversidad, que las hace ser más resilientes. Curiosamente, aunque suelen tener peor acceso a fuentes financieras externas, su capital financiero también tiene aspectos positivos. Es cierto que tratan de evitar el endeudamiento, pero cuentan frecuentemente con una financiación familiar que muchos definen como financiación paciente o financiación de supervivencia con la que pueden contar incluso durante épocas como la pasada pandemia. Es una financiación que sí entiende de crisis y es, por tanto, paciente, dispuesta a esperar a que pasen los nubarrones para exigir intereses y amortizaciones. Finalmente, cuentan con el capital que las hace únicas, el llamado capital social, entendido como aquellos recursos que se derivan de las relaciones entre los miembros de la familia. Muchos autores inciden en que eso es lo que dota a la empresa familiar de capacidades competitivas únicas, puesto que la financiación se puede conseguir por otros medios y se pueden contratar recursos humanos no familiares, pero las relaciones sociales familiares difícilmente pueden conseguirse de otra forma. Estas relaciones suelen basarse en la confianza, los valores compartidos, la reciprocidad, la visión compartida e incluso un lenguaje específico que hace que los miembros de una misma familia se comuniquen y transmitan conocimientos con más facilidad. Todo ello es lo que hace que la empresa familiar sea única y resistente a los shocks de la economía, como los que hemos sufrido en los últimos años.

¿Son todo ventajas en la empresa familiar? Evidentemente no, ni todas las empresas familiares son iguales. Aspectos como los conflictos, el conservadurismo que suelen presentar, la aversión al riesgo o el nepotismo, pueden incidir negativamente, pero en general son más los pros que los contras y poseen un instinto de supervivencia mayor. Por ello no resulta sorprendente que estudios recientes demuestren que las Pymes familiares han resistido mejor que las Pymes no familiares las últimas crisis vividas. Desde aquí animamos a las Pymes familiares a potenciar todo lo positivo que tienen, fundamentalmente sus relaciones de calidad, valores y visión compartida, que será lo que las haga más fuertes frente a los vaivenes de la economía.Sin duda, es importante que nuestros gobiernos apoyen a las Pymes; que continúen realizando esfuerzos por hacerlas más competitivas –como mediante el tan llevado y traído Plan de Digitalización para pymes– porque forman un pilar importante de la economía y porque, en definitiva, será una inversión bien aprovechada.

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