Análisis

carmen pérez

La inflación despierta, cesan las compras

Nueva reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) y nuevas caras entre sus miembros: Luis de Guindos, vicepresidente de la entidad, y Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España. Se han estrenado en estos encuentros en un momento crucial. Ya lo había adelantado Peter Praet, miembro del Comité Ejecutivo, en una conferencia la pasada semana: en esta ocasión se evaluaría si la mejora de la situación económica permite el desmantelamiento del tinglado de bonos levantado estos últimos años. Así ha sido, y el final de las compras ha quedado fijado para diciembre de 2018. Y por primera vez se ha mencionado un plazo, aunque abierto, para poder empezar a subir el precio del dinero: a partir del verano de 2019.

Con seguridad esta decisión ha venido presionada por la aceleración en la normalización monetaria en EEUU. Tal y como se esperaba, el miércoles la FED subió un cuarto de punto los tipos de interés. Con un crecimiento del 2,8%, una tasa de paro en mínimos históricos y la inflación en el 2,8%, esta decisión estaba más que descontada. Pero también elevó el ritmo futuro, dejando establecido que subirán dos veces más a lo largo de este año, en lugar de una más, como estaba programado.

Pero, sobre todo, lo que habrá empujado con fuerza para tomarla es el repunte de la inflación del mes de mayo, que alcanzó el 1,9% en la zona euro. También lo había comentado ya Praet en su conferencia. La principal intersección entre el crecimiento y la inflación es el mercado laboral. Y la fuerte creación de empleo de estos últimos años está presionando los salarios al alza, y éstos a su vez al incremento de los precios. Ayer Draghi señaló que el BCE había elevado sus estimaciones de inflación (IAPC) para este año hasta el 1,7%, frente al 1,4% previsto en marzo, y que esta tasa se mantendrá en los dos años siguientes.

Así, el cese de las compras se ha determinado a pesar de que los indicadores económicos siguen apuntando a una ralentización de la expansión. De hecho, las previsiones del PIB de la Eurozona se han corregido a la baja. Pero Draghi consideró que era normal tras el alto crecimiento de los años anteriores. Además, afirmó que "los riesgos que rodean las perspectivas de crecimiento de la zona del euro siguen siendo ampliamente equilibrados", en referencia al mayor proteccionismo comercial o a lo ocurrido en Italia.

No obstante la firmeza de la decisión de ayer, el BCE se ha guardado cartuchos muy importantes. Prolonga las compras, aunque a menor nivel, hasta diciembre. Cuenta con la reinversión de los títulos que van venciendo, que persistirá durante el tiempo necesario. Y ha dejado abierta la fecha de subida de tipos. El apoyo monetario, por tanto, continuará. Pero ha sido una contundente advertencia a los países europeos, para que no sigan obviando los habituales mensajes finales de los discursos de Draghi: la necesidad de reformas estructurales que potencien el crecimiento, de que los países muy endeudados construyan colchones fiscales, de que se respeten las normas del euro, y de que se complete la unión bancaria y de los mercados de capitales. Porque se acaba el tiempo.

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