La ventana
Luis Carlos Peris
Pistoletazo con música
Bajo mínimos el arbitraje español, la prueba más evidente se halla en la ausencia de trencillas españoles en el Mundialito. El Caso Negreira se esgrime como causa principal, pero hay demasiadas irregularidades como para centrar la acusación en el espinoso asunto del ex árbitro catalán. Por supuesto que el oscuro manto que pretende tapar unas más que presuntas prácticas corruptas tiene influencia universal, pero tanta irregularidad en los arbitrajes domésticos obedece a una causa indudable.
Cómo se utiliza el VAR en nuestras competiciones incide en el desarrollo del arbitraje español, que anda en la pelea de superar los desatinos que José Plaza abortó con su llegada al sillón presidencial hace medio siglo. Aquel tiempo de halcones y palomas situó al arbitraje español en una espiral de descrédito tremenda. Un tiempo en que los quinielistas esperaban a conocer los nombramientos para emitir sus apuestas.
El equipo que fuese de visitante con un árbitro considerado paloma bien podía ni siquiera presentarse como, igualmente, peligraba la victoria casera si era un halcón el encargado de juzgar el partido. Fueron tiempos muy procelosos esos de los halcones y las palomas y que Plaza consiguió paliar, pero tiempos muy parecidos a éstos. Es cómo se manipula el VAR motivo principalísimo para un descrédito que ha originado que para un torneo con más de sesenta partidos no haya ni uno solo arbitrado por un español.
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