La normalidad democrática de que Iglesias sea vicepresidente... y otras anormalidades

Diez negritas. Diez negritas.

Diez negritas.

1. Pablo Iglesias

“No hay una situación de plena normalidad política y democrática en España cuando los líderes políticos de los dos partidos que gobiernan Cataluña, uno está en la cárcel y el otro en Bruselas. Y esto es así”.

Hay que felicitar a Pablo Iglesias: ha sido la estrella indiscutible de la semana, con los focos puestos sobre él, por arañar algún voto en Cataluña. Y todo con una simple provocación marca de la casa. Incluso ha logrado que algunos pardillos se dejasen engañar creyendo que esto iba de calidad de la democracia. No, muchachos; esto va de protagonismo a la desesperada. Iglesias no hablaba ni de separación de poderes ni de transparencia, sino que atribuía la falta de normalidad a la situación de los dos cabecillas de una sedición condenada por el Tribunal Supremo. Ese es el vicepresidente del Gobierno, y no va a dudar en debilitar la imagen de España en el exterior o la posición de la UE tras el escándalo Navalny. Todo lo contrario. Sólo habría que desearle que pudiera disfrutar de la vida en la Rusia de Putin, en lugar de verse condenado a vivir en esta democracia anormal.

Después Iglesias todavía sería capaz de mejorar la cosa sosteniendo: “Lo que dije el otro día es una obviedad, y el hecho de que moleste tanto es la mejor prueba de que es la puñetera verdad”. Colosal. ¿Entonces cuando Iglesias protesta por algo que ha dicho Casado o Egea, eso demuestra que Casado tiene razón? ¿Cuando Iglesias reacciona contra algo de Vox es porque Vox lleva la puñetera razón? Es todo demasiado ridículo. Eso sí, que haya logrado arañar algún voto en Cataluña es poco probable; todo indica que va a un nuevo fracaso electoral.

2. María Jesús Montero

“Estamos en una democracia plena; y probablemente declaraciones que se puedan escuchar en estos días tienen ustedes que contextualizarlas en el marco de la campaña electoral que se está celebrando”.

El Gobierno reaccionó, tras el Consejo de Ministros, al discurso de Iglesias quitándole importancia: bah, cosas de campaña. Pero se ve que ese gran plan de Moncloa de mirar para otro lado no funcionó (¿quién hubiera imaginado que fallaría un plan así?), y dos días después salían en tromba a replicarle. Calvo: “España es una grandísima democracia, eso no tendríamos ni que decirlo”; Robles: “Lo que sí sé es lo que dicen todos los indicadores europeos, internacionales... España es una democracia plena, avanzada”; Marlaska: “La democracia moderna, avanzada y libre, que sin duda somos”; Planas: “No tengo la menor duda de la calidad democrática de España”. El Gobierno consume demasiada energía en solventar los problemas que genera un miembro del Gobierno, capaz de regalar argumentos al Gobierno ruso contra la UE y contra España en particular.

CATALUÑA, LA GRAN ANORMALIDAD

3. Oriol Junqueras

“Mi caso y el de Laura Borràs son incomparables a ojos de todos los ciudadanos”

4. Salvador Illa

“El pacto anti-PSC es la foto de Colón del independentismo”.

Con seguridad, lo más anormal que hay en la democracia española es Cataluña, la Cataluña procesista, que arrasó los derechos políticos de la mitad de la comunidad, promulgó leyes torticeras para organizar un referéndum ilegal de carácter sedicioso contra el orden constitucional... A pesar de Iglesias, esa es la gran anormalidad, no las condenas de los cabecillas o los huidos del país. Ahora los procesistas se han aliado para establecer un cordón sanitario contra un partido socialdemócrata moderado. Eso sí que es una anormalidad democrática, pero ya se sabe que la normalidad democrática resiste muchas anormalidades.

Junqueras ha querido aclarar que él no es Borrás. Y quizá tenga razón. Borrás está imputada por falsedad documental, fraude, prevaricación y malversación de caudales públicos, a propósito de 18 contratos irregulares, en el Tribunal Supremo como aforada; y Junqueras fue condenado por sedición y malversación. Pero, en fin, aceptemos que lo de Borrás tenga más de choriceo. El caso es que Junqueras ha dicho que “si Borrás fuera de ERC se le requeriría que dejara de ser candidata”. O sea, que Borrás es indigna de serlo. Pues bien, a lo esencial: el partido de Junqueras ha firmado un papelito con esa candidata indigna para comprometerse a un cordón sanitario contra los socialdemócratas. Así es la normalidad en el viejo oasis cenagoso, donde Illa ha tenido que desmarcarse del miserable Pacto del Tinell que ellos firmaron contra el PP inaugurando dos décadas de cordones en Cataluña.

5. Santiago Abascal

“La generalidad golpista merece cárcel, y por supuesto que Vox no sigue indicaciones de una policía política que nos ha dejado a merced de la violencia de los totalitarios. Son criminales que no han protegido ni nuestra integridad, ni nuestras libertades, ni nuestra democracia (...) La Cataluña sin odio, la Cataluña pacífica, la Cataluña patriótica, la Cataluña honrada está con Vox.

En contextos polarizados, de alta tensión, fractura social y, en definitiva, enjambres sísmicos en la política y la convivencia, es donde el populismo prende mejor. Podemos creció sobre la crisis económica de 2008, y Vox sobre la crisis constitucional de 2017. Hoy todas las miradas van a estar, además de Illa, en Vox. Hay sondeos que le auguran un sorpasso a PP y hasta Cs. Es difícil que vaya a superar a Cs, y no hay que descartar que algunos sondeos busquen el efecto bandwagon a favor de Vox, que es lo que interesa a la izquierda. Desde la foto de Colón, el sanchismo ha sabido rentabilizar la amenaza de Vox, como Rajoy utilizó en 2015-2016 la amenaza que suponía Podemos.

Vox ha impuesto una campaña hábil, que en los extremos populistas significa altisonante y provocadora, sin escrúpulos al explotar las emociones para ganar votos; pero además han sufrido agresiones del fascismo indepe –por más que algunos medios insistan en denominarlos antisfascistas dándoles un barniz de respetabilidad– que pueden contribuir a exacerbar esas emociones convertidas en votos.

LA ANORMALIDAD DE LA CORRUPCIÓN

6. Pablo Casado

“Si yo soy presidente del PP por primarias era para limpiar toda esa época de la que no me siento identificado... El PP del que se habla hoy en día en la televisión ya no existe”.

La democracia no tiene un problema de corrupción. Eso está descontado. Los indicadores internacionales no muestran, de hecho, mayor incidencia. Pero la democracia sí tiene un problema cuando el descubrimiento de la corrupción no provoca una reacción implacable. Eso sí es una anormalidad. Las dimisiones escasean y siempre van tarde; y los mensajes partidistas especulan con los tiempos. El PP sigue sin asimilar que no se puede establecer un cortafuegos con papel de fumar. Casado dice “época de la que no me siento identificado” como quien se identificaba con los pantalones de campana de los setenta o las hombreras de los noventa. Hombre, no. Era época turbia que merece una condena inequívoca. Pero los partidos se manejan bajo la certeza ventajista de que en España se da una patología incívica: se condena ferozmente la corrupción de los rivales, incluso regateándoles derechos fundamentales como la presunción de inocencia para buscar la pena de telediario, pero se tiende a justificar o ser tolerantes con la corrupción del partido propio. O sea, hay ética reactiva, hacia los demás, pero no ética positiva, de uno mismo. Es el polvo de tantos lodos.

Y UN PROGRESO,  QUIZÁS

7. Juan Marín

“La corrupción en Andalucía ha sido un lastre muy importante para nuestra comunidad. Ha supuesto un fraude que está cuantificado hoy en los tribunales de justicia en nuestra comunidad autónoma, que superan los 6 mil millones de euros durante dos décadas. ¿Cuánto se podría haber hecho con 6 mil millones de euros?”.

Esta semana, se ha aprobado el proyecto de ley contra el Fraude y la Corrupción en Andalucía, que plantea una oficina independiente del Gobierno; es decir, un órgano de extracción parlamentaria, con un fuerte régimen sancionador, y la voluntad de que su responsable salga de una votación por 3/5 de la Cámara. Promete. Este es el camino, aunque quedase algo enturbiado con la aprobación coincidiendo con Bárcenas en los tribunales por la caja B del partido. Y Juan Marín ha aprovechado para un ajuste de cuentas con Susana Díaz, con la que pactó sacar adelante la Oficina contra el Fraude en el pacto de la anterior legislatura, pero el PSOE acabó por bloquear su tramitación.

La Oficina es un signo del Gobierno del Cambio, sin duda; pero el Cambio será que realmente funcione con transparencia e independencia, y ponga coto a la gran corrupción y las pequeñas corruptelas.

LA PCR DE ILLA

8. Carlos Carrizosa

“Yo querría que el señor Illa nos especifique si es que tiene temor a ser positivo y no quiere explicitarlo con una prueba, o si sabe que no es positivo porque ya se ha vacunado”

Es un ejemplo de las críticas falsarias a Illa por la PCR que no se hizo, a sabiendas de que una PCR no delata si alguien se ha vacunado, más allá de que Illa ya había permitido que Sanidad mostrase sus datos de no vacunado. Pero podrían citarse otros tantos, del lado indepe (Laura Borrás: “debería abandonar el plató por respeto”; Pere Aragonés: “esta discusión con la PCR me recuerda a los primeros debates de Donald Trump”) como del lado constitucionalista (Alejandro Fernández: “resulta que se niega a hacer el test; además de falta de ejemplaridad, falta de compañerismo”). Todos contra Illa, el signo de la campaña; y no hay que descartar que Illa se aprovechara para dar la imagen de excepción racional en medio de la jaula de grillos, explicando que él había respetado el protocolo por el que se rige toda la ciudadanía. Lo insólito, por demás, es que en una comunidad con los servicios sociales machacados, bajo la crisis de la Covid, nada consumiera tanta energía a los candidatos como la PCR de Illa; con Carrizosa llegando incluso a sugerir que Illa podía estar positivo poniéndolos en riesgo a todos. Más que un debate electoral, aquello parecía un pabellón psiquiátrico.

LA CONTRADICCIÓN DE LA JUNTA

9 Juanma Moreno

“Después de semanas que han sido terribles, que siguen siendo terribles (...) reducir de 17 a siete días el periodo de vigencia de las medidas en materia de movilidad y de actividad no esencial (...) Muchos ciudadanos se preguntan si esto significa que nos podemos relajar... Yo quiero contestar de manera rotunda: no... Sería el mayor de los errores (...) El peligro del virus sigue siendo extremo. Según me trasladan los expertos, quiero que los ciudadanos lo tengan muy en cuenta, la incidencia cepa británicas todavía no habría alcanzado su potencial de contagio máximo. Eso significa que en las próximas semanas podríamos volver a experimentar un repunte explosivo de casos”.

Aceptemos que haya una razón para flexibilizar los ciclos de las restricciones de 14 a siete días: facilitar que no se produzca el colapso de la economía, puesto que una economía devastada entraña también a medio plazo un problema serio de salud pública. Bien, pero si esa es la razón: ¿por qué no explicarlo así, haciendo pedagogía? No debería ser un impedimento el vértigo a los titulares ni el temor a los demagogia de la oposición, que ya están descontados; hay que tomar a los ciudadanos como adultos y explicarles que una economía abierta tiene consecuencias pero una economía cerrada también, y toca adoptar decisiones difíciles tratando de proteger a la ciudadanía con los dos parámetros a la vez: restricciones contra el coronavirus, actividad contra la ruina. Nada es una buena solución; pero se necesita dar con la solución equilibrada menos mala.

Sin ese mensaje con el coraje de hablar a los ciudadanos como adultos y asumir la complejidad de los problemas, es difícil entender que el presidente haga un discurso que contenga “repunte explosivo” y “reducir de 14 a siete días”. Más que difícil.

AÑÁDELE AGRAVIOS TERRITORIALES

10. Susana Díaz

“Para mí, lo más importante es, insisto: primero, que está en Andalucía; segundo, que puede ser también primero, que Pedro está comprometido con Andalucía (que aprobar los presupuestos generales, cumplir con nuestro estatuto y que Andalucía recibiera lo que merece, ese es el ejemplo); y tercero, que vendrán más proyectos como éste, y que tendrán que venir a todas las provincias, porque a esta tierra le hace falta, que estamos ya en el millón de parados

Andalucía arrastra una historia de taifas beligerantes, de ciudades-estado con la guerra por su cuenta, de mala vertebración. Décadas de autonomía no corrigieron eso; e incluso cuando se equilibró algo el capítulo de inversiones, siempre existió un centralismo administrativo que llevó a decisiones insólitas como concentrar las confederaciones hidrográficas contra toda lógica. En fin, todo esto explica la facilidad con la que prende el agravio territorial. Ahora ha sucedido con la elección de la sede de un centro logístico del Ejército en Córdoba, aunque en este caso claramente contaminado por los mensajes ventajistas atribuyendo el éxito a la vicepresidenta Calvo, por anotarse un gran tanto con su tierra. Seguramente no esperaba la reacción rotunda del alcalde de Jaén (socialista, más madera) denunciando la sombra de ese pork barrel. Una vez más, esto se hubiera evitado con transparencia en el proceso, pero ésta ha escaseado para variar, ya sea por costumbre o porque haya algo que ocultar.

Entretanto, cada cual hace la guerra por su cuenta, también Susana Díaz aferrándose a los elogios a Pedro a ver si así. ¿No es delicioso ese “segundo, que puede ser también primero...”

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