La política hace extraños compañeros de cama, como bien es sabido; pero también no menos extraños vestuarios. Uno, que es buen observador y se fija mucho -como los búhos- en estas cosas, viene notando que la actualidad política se rige por unas normas no escritas en el vestir más o menos varonil. La derecha actual tiene unos códigos estéticos bien definidos. De aquellos fraguistas abrigos Loden pasaron a las parkas Belstaff (o como se diga) para terminar en los chalecos enguatados. No hay pepero que se precie que no lleve bajo la americana en tiempos de biruji un chaleco aboatinado. Para los momentos mitineros se estila el vaquero con la raya perfectamente alineada al centro del pernil y coronado con el correspondiente cinturón de aires andinos. Y siempre la camisa de cuello cutaway, muy entalladas y con pinzas dorsales, de manga larga y con media vuelta en el puño por encima de la muñeca.

De un tiempo a esta parte la beautiful people de la derecha española está adoptando tendencias impensables en tiempos de don Manuel o don José María. Las corbatas empiezan a escasear hasta en los actos donde debe ajustarse más como señal de respeto que como aditamento de elegancia. Está muy en boga la mochilita sobre la chaqueta, que viene a ser como la mariconera del rojerío, pero con un toque de distinción. Uno desconoce el contenido de tal zurrón en cuestión, porque el iPhone ha de estar siempre a mano en estos momentos de convulso reparto de sillones; ¿una botellita de agua y unos pañuelos de papel, quizás? Vaya usted a saber, pero lo cierto es que se llevan mucho en esta legislatura. Lo que está haciendo furor esta temporada son los pantalones tipo pitillo con los bajos por encima del maléolo. Los conocidos vulgarmente como pesqueros. Aquí hay que decir que esta prenda une al PP con sus primos de Vox más que los pactos de legislatura, ya que es Abascal quien impone esta moda, eso sí, con calcetín; dicho sea en su descargo. Se enseñan los tobillos desnudos entre los de Bonilla como un remedo pudoroso y pijo del pantalón pirata de las huestes de la izquierda, pero siempre con mocasín de ante. Algunos se resisten a las chaquetillas Elías en tonos rosáceos o de cuadritos Vichy, pero todo se andará. Porque aquel ciudadano que no sepa cambiar de chaqueta en estos tiempos no sale retratado en la foto de esta nueva derecha. Y si no, al tiempo.

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