Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
El aval del Constitucional a la ley de Zapatero, 13 años después de que el PP presentara un recurso, consagra definitivamente el aborto libre como un derecho fundamental de las mujeres. El feto humano queda fuera del derecho constitucional a la vida. Incontestablemente legal y democrático. Tan incontestablemente legal y democrático como la pena de muerte en 27 estados de los Estados Unidos. Estamos en el conflicto entre la legalidad y la ética. Actos que son conformes a la ley pueden ser éticamente aberrantes. En el caso del aborto, además del principio del respeto a la vida no nacida, otras cuestiones éticas y científicas obligan a observar con pesadumbre y dolor la decisión del Constitucional, y con estremecimiento celebraciones como el editorial publicado ayer por El País. El aborto considerado, no ya un mal que es necesario regular y un fracaso de la educación y la responsabilidad sexual, sino celebrado como un derecho conquistado, lo que en la práctica equivale a utilizarlo como un anticonceptivo. Lo que la ciencia ha demostrado -la singularidad genética del feto- es obviado. Las mentiras -se trata de decidir sobre el propio cuerpo, no de matar al cuerpo que crece en el de la gestante- son proclamadas y aceptadas como verdades. La arbitrariedad del plazo de 14 semanas -¿por qué no 13 o 15?- es ignorada o mal justificada. El lenguaje -si el feto muere a consecuencia de una agresión machista o un accidente los medios le llaman bebé- evidencia las contradicciones.
Pero las razones éticas y científicas han de ceder ante las legales. No se trata de creencias religiosas, ni de derecha conservadora o izquierda progresista (véase la reacción de Feijóo, feliz de haberse quitado de encima la losa del aborto que tantos votos puede quitarle), sino de algo que conviene a la inmensa mayoría y por ello suma un abrumador respaldo social y el aval legal contra todo reparo ético, que se considera subjetivo, pero también contra todo lo que objetivamente la ciencia ha aportado.
En tiempos del libre acceso a los anticonceptivos y educación sexual el recurso al aborto para interrumpir embarazos no deseados es una muestra de esa desconcertante pervivencia de la barbarie en las sociedades más cultas y desarrolladas en las que las menores de edad pueden abortar sin consentimiento paterno pero las personas que quieran tener un perro deben pasar un "curso de formación" previo.
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