Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
GORIGORI con voz de sochantre antiguo del Salvador por 133 años de historia de Sevilla que hoy mueren. ¿Se derriba un monumento? Sí. ¿Una iglesia? No. ¿Una de tantas casas burguesas o populares que hemos visto y vemos desaparecer? No. ¿Un teatro o un cine históricos? Tampoco; ya acabaron con todos menos con el Lope de Vega y el Cervantes, nuestro último cine. ¿Un palacio, entonces? Sí y no. ¿Cómo que sí y no? Pues mire usted: sí, porque lo que hoy desaparece vivió durante 133 años entre las nobles paredes del palacio del Marqués de Sortes; y no, porque hoy no hacemos duelo por aquel palacio que ya casi nadie recuerda, sino por el negocio que en él puso en 1877 un riojano de la tierra de Cameros que lo compró para convertirlo, junto a sus hermanos Benito, Manuel y Gabriel, en una tienda de tejidos.
De qué negocio se trate lo va a ir adivinando conforme le diga que el palacio del Marqués de Sortes daba a tres calles que, tras los cambios de nombres a los que aquí somos tan dados, se llamaron Puente y Pellón, Cedaceros y Alonso el Sabio; que dos de sus tres caras se convirtieron en entradas para el público, elegantes fachadas comerciales y hermosos escaparates, y la tercera en entrada de mercancías y personal; que en 1897 el negocio pasó a denominarse Jiménez Teruel y Cía., en 1902 Matías Jiménez y Cía., en 1914 Giménez Pascual y Cía, en 1929 Giménez, Iglesias y Cía y en 1939 Iglesias, Pérez y Soro. ¿Le va sonando? Sí. Lo de Iglesias, Pérez y Soro me suena a letras de bronce sobre mármol, a esos tiempos en que las tiendas eran mundos y sus propietarios estaban tan orgullosos de ellas que se gastaban los dineros en decorarlas y amueblarlas como si fueran palacios para obsequio de sus clientes y honra de la firma. Dado que en este caso había sido un verdadero palacio, la tienda que hoy muere del todo sumaba a sus bellezas comerciales de fachadas, escaparates y mostradores una de las más hermosas escaleras de mármol de la ciudad -con las tabicas y huellas de sus escalones de una sola pieza- y un patio con columnas rematadas por capiteles dobles.
Sí, Iglesias, Pérez y Soro era el nombre de la razón comercial que toda Sevilla conocía como Almacenes Siete Puertas, la tienda de la calle Puente y Pellón que era un mundo de patios, probadores, mostradores, empleados y olores a telas que formaba parte de un universo que iba de la Plaza del Pan a la Encarnación y de la Alfalfa a la calle Cuna. Ya hablaremos de ese universo, que era el mío. Antes debemos hacerlo del mundo que hoy desaparece; y a través de una memoria más autorizada que la mía… Quede para mañana.
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