La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

El Adviento y la Navidad, en nuestra mano

Si en nuestros corazones y nuestras casas instauramos el Adviento y la Navidad, nada podrá arrebatárnoslos

Entró el Adviento en Sevilla, como suele hacerlo, por el coro bajo de la Magdalena. Besamanos de la Virgen de la Presentación. En estos tiempos de crecimiento hortera o momificación museística de la Semana Santa por obra de su vaciamiento religioso y devocional, esta hermandad mía del Calvario es un recordatorio de cómo hacer las cosas. El besamanos igual a sí mismo, porque lo perfecto no admite más; grabado debían tener las hermandades que han alcanzado la perfección -que es el mayor grado de excelencia en su línea- el "¡no le toques ya más!" de Juan Ramón. La Virgen igual a sí misma, que desde hace muchísimos años esta Virgen que carece de vestidor es atendida por sus camareras en fidelidad a una iconografía definida e inalterable. El conjunto sobrio dentro del barroco propio de las escenificaciones cofrades. Resume perfectamente esta hermandad y cofradía las tres edades que han hecho la Semana Santa tal y como la conocemos: el barroco del Cristo (1612), el romanticismo de la Virgen (1834) y el regionalismo del paso de Cristo (1909) y del palio y el manto (1916). Hay lección en este saber pararse a tiempo, en este no tocar más lo que no admite mejora, en este dejar descansar lo perfecto en su perfección.

Ante la Virgen de la Presentación, ayer, recordaba lo escrito: "No hay nada fuera del hombre que al entrar en él pueda contaminarlo; sino que lo que sale de adentro del hombre es lo que contamina al hombre". Lo mismo sucede con las hermandades. Lo externo a ellas puede dañarlas, pero nunca tanto como lo que se haga en sus adentros. Y pensaba, ya que era el primer domingo de Adviento, que el tanto el vaciamiento de religión y devoción de la Semana Santa como de la Navidad tienen mucho más que ver con como se vivan por dentro que con lo que desde fuera las aceche o incluso ataque.

Ya puede multiplicarse el consumismo compulsivo y desquiciado, ya pueden las autoridades antirreligiosas quitar los símbolos cristianos de las iluminaciones y los adornos, ya pueden dispararse hasta extremos pantagruélicos los excesos de mesa y mantel o de barra y copas, ya puede ser fuerte la presión ambiental arreligiosa servida por todos los medios… Que si en nuestros corazones, en nuestras memorias, en nuestras familias y en nuestras casas instauramos los tiempos santos del Adviento y la Navidad, nada podrá arrebatárnoslos. Basta de externalizar las culpas. Todo depende de nosotros.

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