Viva Franco (Battiato)

Alondras sin alas

Editor de la 'LA REVISTA MERCURIO'

En esta ciudad el calendario del tiempo fluye de distintas maneras. Antes del Coronavirus (a.d.C.) era habitual ver en ciertos bares y comercios el llamado calendario cofrade, que marcaba la cuenta atrás para Semana Santa. Más que embriaguez o dicha, lo que a menudo nos provocaba era simple pesadez de estómago. Daba fatiga ver aquel boletín del tiempo expuesto desde el mismísimo lunes de pascua: "Faltan 358 días para el Domingo de Ramos". San Pablo dijo que sin la alegría de la Resurrección el cristianismo sería una conjura de necios muy peligrosos. Pero aquí, pese a la luz de albayalde de la Resurrección, lo cierto es que una parte monomaniaca de la ciudad suele ponerse triste y cariacontecida con el fin de la Semana Santa.

Por otra parte, desde hace justo 4.748 días, el calendario de la ausencia de Marta del Castillo también marca de algún modo el tiempo de la ciudad, más allá del ámbito de la desconsolada familia. Desde hace justo ahora 13 años los periódicos nos recuerdan este otro calendario alternativo. Desde entonces, al llegar la fatídica fecha, quien más y quien menos acaba preguntándose qué hacía aquel fin de semana del sábado 24 de enero de 2009, día de San Francisco de Sales, considerado el patrón, precisamente, de plumillas y periodistas.

A quienes nos gusta el fútbol sentimental y no pedimos perdón por ello, conocer a inicios del verano el calendario de la Liga nos sume en la nostalgia futura de pensar qué seremos o dónde estaremos en el curso de lo venidero en la fecha de tal o cual partido destacado.

Hay, pues, variadas formas de asistir al íntimo ensayo del tiempo a través de los meses. El invierno también tira de la intimidad hacia lo oscuro. En los cambios horarios del año se tiene en cuenta el llamado ciclo circadiano (del latín circa, que significa alrededor, y dies, que significa día). Nos debemos a un horario biológico que se rige por un ciclo de 24 horas (16 para la luz y 8 para la oscuridad). En algunas personas este horario se alarga o se acorta. De ahí que la Unidad del Sueño en los hospitales distingan entre "personas búho" (las que se acuestan más tarde porque su ciclo es más largo) y "personas alondra" (las que no trasnochan y madrugan). La medicina del sueño señala que el horario de invierno afecta más a la nutrida población de "personas alondra" (entre las que nos incluimos). Estamos como más irritables y pesarosas. Lo malo es que, pese a ser alondras, carecemos de alas migratorias para echar a volar a otros nidos más cálidos y luminosos. Todo llegará, se supone.

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