Opinión

Abel Veiga

Álvarez-Cascos, la fuerza del carácter

La abrupta salida del ex vicepresidente del Gobierno con Aznar ha puesto sobre el tapete la capacidad de Rajoy para controlar el PP

ALVAREZ-CASCOS jamás ha dejado a nadie indiferente, todo carácter, todo ímpetu, todo fuerza. Fue un secretario general enérgico, en el partido popular. Tal vez el mejor. Aquél doberman de los socialistas que les sacaba de quicio día tras día. Probablemente ni antes ni después tampoco hubo otro con esa firmeza, carácter y coraje. Nadie osaba discutir al otrora poderoso ex vicepresidente del Gobierno. Se las tuvo con muchos en su propio partido, máxime en su Asturias, hoy yermo de candidatos que puedan aupar a los populares a la Presidencia del Principado. Habrás cosas, expresiones y discursos de Cascos que no gusten o que sean criticables, pero desde luego no el hecho de querer presentarse como candidato por su partido y proponer la legitimidad de las bases a través de un congreso extraordinario. Mariano Rajoy, preso de su exceso de prudencia, de su pánico a un error que le aparte del camino de La Moncloa no por méritos propios sino por los deméritos, errores y medias verdades de Zapatero, ha consentido que en Asturias la partitocracia, la burocracia asfixiante de los partidos y el miedo a la democracia interna dando voz a las bases proclame a un candidato a dedo, como siempre se ha hecho en este partido. De eso saben, y mucho, Rajoy, Rato, Cascos y Aznar.

A Cascos nadie le maneja, tal vez su carácter sólo Aznar lo domeñó en cierta medida. Limpiar el partido a comienzos de los noventa no fue fácil. Abrirse paso tampoco. Pero el enfrentamiento brutal desde hace seis años con la dirección regional del partido ha abierto un conflicto que acaba de explotar en toda su intensidad. El miedo a un congreso extraordinario sin el control absoluto de Génova y por extensión de Rajoy, así como la tensión de Álvarez-Cascos con De Cospedal han hecho que Madrid haya apostado por una candidatura patrocinada por los verdaderos prebostes del poder popular asturiano, los mismos que con algún alcalde a la cabeza empezaron a ponerse nerviosos cuando el ex vicepresidente y ex ministro de Fomento apeló a la legitimidad de las bases y un congreso abierto. Sabedores que éste haría tabla rasa y apartaría de un plumazo a la guardia pretoriana de Gabinos y compañías, la guerra subterránea estaba servida.

Abandona el partido un hombre que vivió y protagonizó la mejor etapa del mismo. Hay temor a que forme una nueva plataforma electoral, pero no lo hará, por su lealtad a las ideas y a unas siglas que se lo dieron todo. Tampoco será muy amplio el efecto arrastre de carnés devueltos al partido. Pero lo que sí saben en Oviedo y también en Madrid es que no tienen candidato capaz de alcanzar la Presidencia en Asturias. La catarsis esperará y lo hará en función de los resultados de mayo.

Mariano Rajoy tiene un enorme reto en 2011, demostrar su liderazgo. No lo ha hecho hasta el momento en estos seis años al frente del partido. En 2008 vivió sus momentos más difíciles en la presidencia del partido. Algunos amagaron con moverle la silla. Pero tranquila y sin pausa, Rajoy ha ido apartando a toda la vieja guardia aznarista, salvo Arenas, quien con Camps fueron su mayor apoyo en el congreso de Valencia de junio de 2008. No ha demostrado sus dotes para el liderazgo, y hoy, que todos barruntan que será el próximo inquilino de la Moncloa, sería un buen momento para mostrarlo. Lo mismo le sucedió en Cataluña, hace ahora dos años, cuando si no llega a ser por la presión de Génova la hoy incuestionada Sánchez-Camacho no hubiera ganado a Montserrat Nebrera.

Hora es que empecemos a saber todos qué piensa, cómo actúa y qué va a hacer Mariano Rajoy a quien todos patrocinan como mejor presidente de Gobierno que candidato y presidente de su partido. Equivocarse es de sabios. Pero no moverse por miedo a equivocarse, no es de sabios.

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