La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Ángeles, Señora del Magnificat

Corónese hoy la 'Señora pobre' en cuyo seno, carne de su carne, Dios se hizo hombre pobre

Cuando hoy sea coronada la Virgen de los Ángeles nadie debería olvidar que su Hermandad existía antes de que se alzaran las naves góticas que la acogen. Un milagro de amor obrando en el tiempo. Engrandecido por haber sido la corporación de los más despreciados de cuantos en la antigua ciudad vivían, desposeídos hasta de la libertad que los más pobres tenían.

Cuando en 1393 el obispo Gonzalo de Mena creó un hospital con su correspondiente capilla -primero presidida por una imagen llamada de los Reyes (por ser uno de ellos negro) y tiempo después de los Ángeles- para acoger a los negros que eran echados a la calle por sus dueños por ser ancianos o estar enfermos, condenados a vagar limosneando hasta que cada noche eran expulsados extramuros, la catedral ocupaba aún la antigua mezquita mayor.

Y cuando en 1401 el cabildo decidió la construcción de la catedral proclamando el legendario "hagamos una Iglesia tal y tan grande que los que la vieren labrada nos tomen por locos", ya vivía la Hermandad de los Morenos. Seis siglos después lo que parece empresa de locos es que tan frágil corporación siga viviendo. En esta Hermandad se cumplen la parábola del grano de mostaza -"aunque es la más pequeña de todas las semillas cuando crece se convierte en árbol en cuyas ramas anidan los pájaros"- y las palabras de San Pablo: "No hubo [entre los escogidos] muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte; lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es; y así nadie se jacte delante de Dios".

Para los sevillanos de los siglos pasados los negros eran lo necio, débil, vil, despreciado, incluso lo que no es. Esta fue su Hermandad. Y esta que hoy se corona, su Madre y Protectora. La Señora pobre llamaba a la Virgen San Francisco, cuyo jubileo agosteño de la Porciúncula con tanta fidelidad esta Hermandad conserva. Señora pobre y Señora de los pobres porque es la que proclamó que Dios derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Corónese hoy la Señora pobre en cuyo seno, carne de su carne, Dios se hizo hombre pobre. Como escribió su biógrafo fray Tomás de Celano: "San Francisco rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad".

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