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Pilar / Larrondo

'Arreglá' pero informal

14 de mayo 2016 - 01:00

SI eres mujer y me lees, sabrás que las colas de los aseos públicos dan para escribir tres o cuatro novelas o para que venga Almodóvar a coger ideas para una película de las suyas, de las de antes, claro. Estando en una de esas colas en las que llegas siendo adolescente y sales casi cobrando la pensión, pasó un afortunado caballero -para él fue llegar y besar el santo- que con su mirada recorrió toda la fila. No hubo mujer sobre la que no recayesen sus ojos. Después del exhaustivo control lanzó una última mirada a una rubia que daba saltitos de contención y sentenció: "Los botines son los nuevos tacones". La carcajada que nos pegamos la oyó hasta el de los músculos que anda en la puerta requisando DNI. Él, el afortunado caballero que no tuvo que esperar cola, no era consciente de que sus palabras eran el mismísimo evangelio.

Como él, me dediqué a mirar los pies de mis compañeras de suplicio. Todas calzábamos deportivas. Estaba la morena que lucía un despampanante vestido adornado con su mejor rojo de labios, en los pies unas Converse de toda la vida. También había una chica pequeñita, que de seguro pasó media adolescencia con tacón de aguja. Ahora lucía pitillos ajustados, camisa con transparencias y unas zapatillas modernas que ahora llaman retro running (cuando son las que usaba mi padre a mediados de los 80). Decidí hacer un estudio de campo y observar a las féminas de mi entorno. En el trabajo, de copas, en el brunch de los domingos -hay que ser moderno hasta para le cerveza dominical- e incluso en misa de ocho. Todas llevan botines.

Este descubrimiento me hizo la mujer más feliz del mundo. Nosotras, que llevamos años de tortura autoconvenciéndonos de que el tacón estiliza la figura y no sé cuántas patrañas más, nos hemos dado cuenta de que la comodidad es un concepto que mola mogollón y por fin hemos cumplido con aquello de: "Yo siempre voy arreglá, pero informal".

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