La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El Ave de los tiesos

Hace poco ya estrenamos el vagón sin ruidos, que es el reconocimiento al triunfo de la mala educación

El ministro Ábalos, Algarrobo del Gobierno en funciones, ha proclamado que el nuevo AVE para los tiesos ofrecerá la misma puntualidad, seguridad y velocidad que el que usamos los sevillanos desde 1992 por obra y gracia de Felipe González. La bajada de precio del Avlo, que así se llama la criatura, se consigue hacinando a los pasajeros, sustituyendo el vagón cafetería por uno con máquinas expendedoras y, por supuesto, eliminando la clase Preferente. ¿Recuerdan que en sus orígenes llegó a existir la clase Club Al-Andalus? Este AVE de bajo coste se vulgariza, olerá de nuevo a filetes empanados (riquísimos) en el mejor de los casos y a pinreles por lo alto en el peor. ¿Por qué la saludable democratización de las cosas siempre supone una bajada evidente de la calidad? El buenista de guardia celebra este nuevo tren, pero se olvida de los puestos de trabajo de la cafetería, amén de la pérdida del estilo de viaje del que hemos disfrutado durante casi 25 años, porque el propio AVE de toda la vida comenzó ya a degradarse con la crisis económica, cuando los menús de cocina fueron sustituidos por un piscolabis debidamente envuelto por si se lo quería llevar usted a casa. El único avance de calidad en el AVE fue la introducción de la tostada con aceite, que nos libró de tener que desayunar un lomo con pimiento frito o el insípido bocadillo de jamón york y queso de lonchas. El lujo mal entendido ha muerto. Lo veíamos venir desde que desapareció la gentileza de la golosina que los azafatos de la clase Turista repartían en cestos con ese tono monocorde: "¿Un caramelito?" ¿Y qué me dicen de los auriculares? Siempre de obsolescencia programada, por supuesto. ¿Y las botellitas de licor de Preferente? Conocimos un empresario abstemio que se las llevaba a casa y formaba hileras que le recordaban la de veces que había hecho el trayecto de Madrid a Sevilla y de Sevilla a Madrid. ¿Y las toallitas húmedas que ofrecían antes del almuerzo o la cena, también en Preferente? Hace poco estrenamos un vagón silencioso, que en realidad es una vergüenza porque supone un reconocimiento implícito de la mala educación imperante, como ahora tenemos un AVE para tiesos que admite que las tarifas han sido realmente caras, que lo han sido y lo son, y que supone el entierro de ciertos servicios, que no lujos. Mucho nos tememos que este nuevo tren, que es el AVE pronunciado con un buche de agua en la boca, es la confirmación de la cutrería. El tren toma el camino de los aviones. Baratos a costa de la supresión de atenciones y de la pelma de aguantar vendedores que alteran el sueño cada tres minutos. Nadie regala nada. ¿Un caramelito? ¿La revista Paisajes? Y lo más importante: ¿Veremos a Javier Arenas en el AVE de bajo coste o eso también nos lo quitan? Porque un AVE sin Javié no es AVE ni es nada. A ver qué dice Algarrobo.

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