Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Basilea como objetivo para repetir visita

QUEJÁNDOSE amargamente del bajo cartel que tiene el Sevilla en cuestiones de seguridad, pero mostrándose tremendamente ilusionado en la esperanza de traer más plata a la sala de conquistas, así partió Pepe Castro rumbo a Basilea. Basilea en la mente como aduana imprescindible para volver a ella en mayo, mes florido, hermoso, mariano y muy proclive al éxito sevillista desde hace diez años en Eindhoven.

Con el amargor de no haber roto en Getafe el duro sambenito que le persigue como exclusivo poseedor de una marca incomprensible, el Sevilla afronta un compromiso que no debe suponerle esfuerzo alguno driblarlo. Como anteriormente el Molde, el equipo suizo fue muy bien recibido cuando el sorteo de Nyon. No debe el Basilea interponerse al Sevilla en su ilusionante camino hacia su quinto entorchado continental, pero para eso no cabe hoy la menor confianza.

Sabedor de su indudable autoridad como anfitrión, la cita de hoy a orillas del Rin no se debe tomar a título de inventario porque en este fútbol de hoy el más lerdo hace un reloj que, además, funciona. Y ya que estamos en territorio helvético no podemos soslayar cómo se entiende ahí de relojería. ¿Qué cara ofrecerá el Sevilla? ¿La habitual o esa que muestra a veces sin que se sepa si es carne o pescado? ¿Rotará Unai pensando en el duelo con el Villarreal, tan crucial?

Preguntas al calor de esta eliminatoria de la Liga Europa y que sólo van a despejarse cuando esta tarde salten a ese campo que el sevillismo tiene en sus sueños para dentro de dos meses. Diez años van a cumplirse de aquel gol de Antoñito Puerta que fue el salvoconducto para la gloria y no parece el Basilea un rival que vaya a trastocar las cosas. No obstante, un exceso de confianza podría complicar ese turno que el Sevilla tan bien domina, el casero como anfitrión intratable.

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