QUE haya un movimiento para defender los derechos del gremio de bordadores es algo plausible. Uno recuerda siempre cuando fue a visitar uno de los talleres más punteros en la actualidad. En el momento en que echó mano de la cámara fotográfica, el jefe del taller interrumpió la maniobra, conminó a todas las bordadoras a abandonar la estancia menos una y dijo: "Ahora puedes ya tirar la foto. Es que no están dadas de alta en la Seguridad Social". Cada vez que uno admira ese manto rematando tan espléndido paso de palio es una ocasión para recordar a aquellas trabajadoras. Bien por esa asociación que asegura que luchará contra estas ilegalidades.

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