La ciudad y los días

carlos / colón

Bronca embestida de septiembre

SI supiera cantar me arrancaría hoy por los Everly Brothers con aquello de Bye Bye Love, Bye Bye Hapiness, Hello Loneliness. I Think I'm a Gonna Cry ("Adiós amor. Adiós felicidad. Hola soledad. Creo que voy a llorar"). Y si supiera bailar, hasta lo cantaría marcándome los siempre difíciles pasos de la coreografía que Bob Fosse creó para esta canción -cambiándole la letra en un sentido aún más pesimista- en el número final de All That Jazz (si, lo sé, no tengo el tipo de aquel Ben Ben Verren que lo cantaba y bailaba). Por eso, ya que no canto como los Everly Brothers ni bailo como Ben Verren, me tengo que conformar con este artículo para despedir el corazón playero del verano (Bye Bye Hapiness), saludar con desgana al pegajoso septiembre (Hello Loneliness) y llorar el ya tan perceptible acortarse de los días que se desangran de dos minutos de luz cada tarde (I Think I'm a Gonna Cry).

Adiós luz larga que rozaba las diez de la noche, soledad acompañada, silencio sólo roto por el eterno rumor de las olas o el susurro del viento entre las hojas de los árboles, horas y horas de lectura, amaneceres con olor a Corpus y malvas atardeceres juanramonianos. Hola bochorno pegajoso, calor traicionero, oscuridad victoriosa, días menguantes, agendas, horarios, agujas de los relojes girando enloquecidamente. Llega septiembre tras enviar sus asquerosos embajadores. El sábado puso una tapadera gris sobre la ciudad y nos hirvió al vapor. El domingo sonaron truenos y cayeron unas pocas gotas gruesas y sucias que parecían una lluvia de sudor deshecho en barro. Ayer se disfrazó de otoño, solo para engañar. Y aquí está hoy ya, triunfal y febril, el terrible septiembre sevillano.

El amigo Maldonado dice que hasta el Dulce Nombre no pasaremos de 34 grados. ¿Y qué? 34 grados de septiembre son peores que 40 de julio. Dicen también que el de este año ha sido el mes de julio más caluroso de la historia. ¿Y qué? El calor de julio ataca de frente, embiste por derecho y deja la puerta abierta a las escapadas de fin de semana y a la gran evasión de agosto. El calor traicionero y cobarde de septiembre cierra puertas, ataca por la espalda, tiene bronca la embestida. Y además es embustero. Promete placeres otoñales que aquí no llegan hasta los Difuntos. No digo yo que no tuviera razón Sinatra al cantar It's autumn in New York. It's good to live it again. Pero eso será allí, mi alma, no aquí.

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