La esquina

josé / aguilar

La CUP decide hoy el futuro (o no)

EL llamado consejo político de la Candidatura de Unidad Popular decidirá hoy si acude en socorro de Artur Mas para que continúe al frente del proceso separatista de Cataluña o le deja caer en la fosa política que él mismo se ha cavado provocando la quinta convocatoria de elecciones en cinco años. También puede que las dos opciones queden empatadas. Ya ocurrió la semana pasada: 1.515 votos a favor de salvar a Mas, 1.515 en contra. Un sainete prorrogado.

El presidente demediado ha hecho todo lo que estaba en su mano para congraciarse con la CUP: aceptó ser un presidente honorífico maniatado por un cinturón de vicepresidentes efectivos, ofreció someterse a una moción de confianza en el plazo de un año y asumió un plan de choque social para el que una Generalitat entrampada y sin crédito no tiene fondos. Y lo más importante, perdió la dignidad del cargo que ocupa, vendida a precio de saldo con tal de continuar ocupándolo. No se recuerda una bajada de pantalones tan humillante y tan descarnada.

¿Y qué me dicen de la CUP? Que un grupo de feroces anticapitalistas que se reclaman del anarquismo o del comunismo puedan plantearse siquiera la posibilidad de apoyar la elección del más genuino representante y defensor del capitalismo catalán, y del capitalismo corrupto de la rapiña y del 3%, del mayor podador de prestaciones sociales de España (sí, todavía de España), da para una consulta colectiva al psiquiatra. Tampoco es tan complicado, son sólo diez diputados y 3.000 militantes de base. En sus exaltadas cabezas se encuentra el destino inmediato de uno de los territorios más ricos de Europa.

Gracias a la indigencia intelectual y la vileza política del ex Astuto, los alegres muchachos de la CUP se lo están pasando bomba. Prolongan la agonía de su rehén inventándose empates sospechosos tras debates interminables, organizan asambleas adolescentes para ver quién es más antisistema que los demás, discuten de conceptos banales en plan judíos en La vida de Brian y afinan con precisión presuntamente maquiavélica los términos del dilema que se someterá hoy a votación (2 votos a favor de Mas y 8 abstenciones o 5 a favor y 5 en contra).

Ellos sólo aspiraban a ser el Pepito Grillo de un parlamento burgués y, todo lo más, amenazar con sus sandalias a los enemigos del pueblo, y Artur Mas les ha entregado la llave de la gobernación de Cataluña. ¡Menudo disparate!

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